Palabra de Mujer

Conversamos con Javiera Arnillas

Javiera Arnillas es una joven activista, modelo afroperuana, estudiante de actuación en la PUCP y firme defenso­ra de los derechos trans.

Has tenido bastante actividad este año, luego de la película (Sin vagina me marginan), que es de hace dos años…

La grabamos hace dos años, pero salió al aire el año pasado.

Después de eso, como modelo has despegado, quedaste semifinalista en un concurso de modelaje. Cuénta­nos cómo fue.

Sí, quedé semifinalista. Ahí comencé. Mi amigo, que es mi mánager, Roberto (Oto­ya), siempre ha trabajado con modelos y me dijo: «Sería interesante que vayas. Aní­mate, en otros países hay muchas chicas trans que cumplen con los requerimientos que piden en los concursos. Por qué no podrías ir si también eres alta y piden chi­cas altas». A mí me daba miedo porque sentía que me podían discriminar y ese es un miedo constante, pero al final me dije: «Se vive solo una vez», y me lancé a la palestra.

¿Pensabas que te iban a discriminar por trans, por afro…?

Por trans más que por afro, porque de al­guna u otra forma en la moda se ha inser­tado mucho más el tema de las modelos étnicas o diferentes al canon hegemónico blanco.

¿Y cómo fue tu preparación para ese concurso?

Fue con Roberto, él ha sido muy buen compañero, amigo, además estoy tra­bajando con él. Él es coach de pasarela, enseña a algunas chicas de Miss Perú. Estuvo en el programa Perú Next Top Model que salía en canal 9 y me enseñó a desfilar. Entonces fui con lo que me había enseñado, pasé el casting y me eligieron como semifinalista.

¿Como semifinalista, entre cuántas? ¿Y quién ganó?

Fueron un montón de chicas, como 400, ese día quedamos 30. Ay, no sé quién ganó (risas). La verdad cuando vi que no quedé finalista pensé: «¿Por qué habrá sido? Bueno, no importa». Pasó también que cuando quedé como semifinalista es­taba emocionada y lo publiqué en mi Fa­cebook y en todos lados. Entonces hubo rebote y el concurso empezó a tener bastantes noticias, pero por ese tema. Los medios no lo cubrían tanto, pero cuando salió esto empezó a difundirse un mon­tón, no sé si el hecho de ser trans habrá tenido que ver.

¿Y te preguntaron algo?

No, nada de nada. Y cuando estaba ahí había muchas chicas altas y no era como que mi altura pudiese de alguna u otra forma dejar a entender que soy trans, porque había muchas chicas así. Enton­ces no sé si cuando me eligieron sabían que era o no trans, el tema es que al final después se hizo noticia y entonces tal vez puede haber sido por eso.

Eres una invitada recurrente al Miss Perú, ¿qué te parece el concurso?

Ya son dos veces que voy a la gala. A mí me gusta, sobre todo la plataforma inter­nacional, buscan que las chicas elegidas tengan una historia o representen algo. Este concurso, antes limitado al tema de la belleza, ahora se va transformando y va dejando un mensaje, y eso me parece chévere. Dentro de todo el tema es bastante cultural, hay mucha gente que siente que es parte de su vida y es bueno que esta plataforma se vaya transforman­do y llevando mensajes que de alguna u otra forma van transformando la socie­dad. En Perú se lanzaron mensajes a favor del Ni una menos, y este año fue sobre el cáncer de mama.

¿Y has pensado concursar alguna vez en Miss Perú?

Sí lo he pensado, pero no puedo hacerlo por el DNI.

¿Qué opinas de eso?

Que todavía no haya una ley de identidad de género me parece no solo lamentable, sino también vergonzoso y triste.

Claro, porque Uruguay ya tiene, Chile, casi toda Latinoamérica, pero Perú nada.

Yo ahora estoy en mi trámite de cambio de nombre. Ya voy dos meses en el proce­so. Ya di todos los documentos que tenía que dar y se supone que debe realizarse la audiencia pronto.

¿Te han hecho un cálculo de cuánto puede demorar esto?

Me han dicho que puede ser rápido como puede demorarse bastante.

Pero ya Reniec ha anunciado que no va a apelar ningún proceso de cambio de nombre de mujeres trans, porque antes apelaba y eso demora­ba más el proceso.

Va a ser un alivio.

¿Qué cosas se te obstaculizan por no tener un DNI con tu nombre?

Lo que pasa es que es una manera de que me vulneren los derechos constante­mente, porque por más que yo diga: «Me llamo Javiera», no les importa. En cambio, si tengo mi DNI que dice Javiera, y alguien me dice algo, yo le puedo responder: «Escúchame, mi nombre es este, no me puedes llamar de otra manera». Hacer cualquier trámite es difícil, afortunada­mente en la universidad no tengo ese problema, la reforma trans se aprobó.

Tu carné universitario dice «Javiera Alejandra».

El de la PUCP, pero eso solo funciona dentro de la PUCP, no lo puedo presentar afuera ni en ningún otro lado porque el mismo carné dice que es para adentro.

Cuéntame un poco del LIF Week en donde participaste hace poco. ¿Qué crees que ha cambiado del año pasa­do a éste… aparte de las bubis?

Creo que principalmente eso (risas). El año pasado intenté entrar al LIF Week, pero no me eligieron, me ha costado bastante. Sinceramente no sé qué habrá sido, tal vez que alguien que estaba trabajando ahí en un momento no quiso y ya no está esa persona, pero pueden ser mu­chas variables. Fui al casting y me dijeron: «estás dentro de las modelos que hemos elegido, pero tenemos que esperar a que algún diseñador quiera elegirte», yo dije: «Ok», y esperé un mes, y mientras espe­raba me decía: «No pierdo nada si no me eligen, no tengo nada que perder». Así que puse publicidad en mis redes y al final sí me llamaron dos diseñadores: Pat Se­dano, que estaba haciendo su colección inspirada en su hermana embarazada que estaba en Estados Unidos y que tenía su novia, y a Pat le chocaba que no pudiera vivir en Perú de esa manera, que tuviera que vivir en otro lado, y quería hablar de eso, de esa injusticia, y su colección se llama Love is love. Ella me dijo: «Quiero que cierres mi desfile». Y el otro diseñador fue Amaro Casanova, que hizo un desfile con muchas chicas afrodescendientes, conversé con él y me dijo: «Cumples con los requisitos, me gustas y ya».

¿Ustedes pasan por un casting?

Sí, es un casting, piden chicas que midan más de 1.75 cm, y aparte de eso luego te hacen una prueba de pasarela para ver qué tal caminas con tacos. Hay chicas que no pasan, nos preguntan: «¿Podrías hacer esto?», y si no nos sale nos dicen: «Para la siguiente será».

¿Cómo fue tu experiencia como jura­do en la Semana del Cine de la Uni­versidad de Lima?

Rodrigo Bedoya, me escribió a inicios de ciclo, en setiembre, y me preguntó si me gustaría, le dije: «¡Claro!» y me mandaron las películas para verlas, vi las 20 películas. La experiencia fue muy enriquecedora y sobre todo me alegró que estén apos­tando en incluir como jurados a personas que nadie se esperaría. Las chicas trans estamos dentro de lo que es visto como marginal, exótico, ponernos en espa­cios en donde históricamente no hemos estado genera una visibilidad y normaliza también. En el jurado estaban también Óscar Catacora y Rossana Díaz Costa.

¿Y cuál ganó?

Ganó Casos complejos de Oscar Forero, que es un director de Trujillo, que trata acerca de las bandas de extorsionadores. Me pareció bien chévere cómo trata el tema, es policial, pienso que si se estrena la gente va a ir porque es muy entreteni­da. Las menciones honrosas fueron Ma­taindios, que fue la que ganó en el Festival de Cine de Lima, y la otra Volver a ver, que es un documental acerca de las vícti­mas del conflicto armado en Ayacucho.

Luego de eso, ¿qué planes tienes?

El próximo año se estrena la segunda película que hemos grabado con el mismo director de Sin Vagina…, con Wesley Ve­rástegui. Va a salir el tráiler en enero, me ha dicho que todavía no puedo decir de qué se trata, ni cómo se llama.

¿Tú eres la protagonista?

Más o menos, es un papel de reparto.

¿Conocías al director antes de Sin va­gina me marginan?

Fue un casting que hice en el centro de Lima, fue súper raro, era un casting en un hotel. Me dije: «Voy al casting», y veo la dirección y era un hotel en el centro, y dije: «Dios mío, en qué me estoy metien­do». Llego, subo y había varias personas y cámaras. «Ya, ok», respiré.

¿Qué decía el anuncio de casting?

«Se busca chicas trans para largometraje».

¿Y ahí estaba Marina (Kapoor)?

Creo que también fue al casting, pero yo no la vi el mismo día.

¿La conocías de antes?

Sabía quién era, alguna vez la había visto, recién hemos sido amigas en la película.

¿El guion ya estaba hecho?

Sí. Hay alguna que otra palabra que siempre como actores o actrices puedes proponer, y también como chicas trans algunas palabritas que por el mismo uso que tenemos ya conocemos, pero la estructura del guion estaba armada desde el principio.

Yo siempre me pregunté después de ver la película por qué las menciones a Javier Ponce, ¿él ha colaborado en el guion?

Sí, no sé si en el guion, pero Javier Ponce ha colaborado mucho con Wesley. Le ha ayudado con bastantes cosas. Es bien chévere. Ha ayudado mucho en la película de hecho.

Recuerdo que tuviste un incidente en un gimnasio…

Sí, horrible, estaba en un gimnasio en el que cuando fui pregunté: «¿Pueden poner mi nombre como Javiera?». Y me pusie­ron, ponía mi huella digital y salía Javiera, todo regio, pero ese gimnasio era un poco caro, entonces me fui a uno nuevo, y cuando voy le pido lo mismo y me di­cen: «No, no se puede», y yo: «Pero…». Y ellos: «No, no se puede». Cero ganas me quedaron de seguir ahí y me sentí mal, cuando salí me quedé como en shock. «¿Qué está pasando? ¿Cómo no me voy a poder meter acá?», me decía. Luego me fui dando cuenta y me fui indignando cada vez más. Qué te cuesta ¿no?, obvia­mente el contrato lo voy a firmar, pero la huellita no te cuesta nada. Entonces hice mis descargos en las redes sociales, y luego mucha gente lo compartió. Me empezaron a llegar más mensajes de odio a la página, también.

¿Los mensajes de odio son comunes?

Cuando subo cosas que no son tan polé­micas no tengo, pero cuando subo algo como denuncias, sí me llegan mensajes así, lo peor de la sociedad sale a flote. Al final, después de eso se comunicaron conmigo los del gimnasio y dijeron que querían reunirse conmigo, que querían pedirme disculpas personalmente y cuando fui aproveché para decirles: «Bueno, acepto sus disculpas, pero solamente si capacitan a su personal y se comprometen a tener una atención que no sea excluyente para las personas trans». Y me dijeron que eso iban a hacer, que ya habían hablado con el personal y todo. Espero que lo hayan hecho, Roberto está en ese gimnasio y me ha dicho que hay varias chicas trans que han empezado a ir. Ojalá que esté funcionando todo bien.

Cuéntanos un poquito a qué te dedicas cuando no modelas.

Tengo 23 años, estoy estudiando actuación en la PUCP, estoy en cuarto ciclo, voy a pasar a quinto. Estoy enamorada, no solo estoy enamorada, sino que he tenido la suerte de encontrar a alguien que está dispuesto a enfrentar todo lo que implica estar con alguien como yo y que cada día me demuestra que en verdad el amor va más allá de los géneros. Que los géneros, sobre todo binarios, no tienen por qué encasillarte en algo. Con nuestro amor le sacudimos la cabeza a la gente, les decimos que no tienen por qué ser tan cerrados, no tienen que encasillar a la gente, simplemente se ama. Y él, esa elección se la hace a sus padres, se la hace a sus amigos.

¿Y cómo fue que sus papás se enteraron, sus amigos?

Ese proceso está siendo muy fregado para mí, a veces me duele, en mi familia yo no tuve tanta discriminación por mi identidad de género, pero la violencia la he empezado a sufrir ya por parte de la suya. Y la evito, igual no me permiten ir a su casa.

Ustedes hacen visible su amor en redes.

Eso es lo que más les arde.

Claro, porque preferirían que estén juntos en un cuarto oscuro en Marte.

Exacto, lo peor de todo es que ya vamos a cumplir un año de estar juntos y como que siguen en ese plan. Al comienzo decían: «Ya se le va a pasar, si no que se ha obsesionado, pero se le va a pasar».

Él era tu mejor amigo.

Sí, tenemos una historia bien larga desde el colegio. Cuando estábamos en el cole­gio, a mí me gustaba y se lo dije, pero en ese momento yo físicamente no le atraía, porque él es heterosexual, es una hetero­sexualidad diversa, pero heterosexualidad, y en verdad pues no tendría por qué ser motivo de vergüenza ni nada.

¿Cómo se enamoraron?

Después del colegio nos empezamos a ver un poco más. En el 2016, él estuvo presente cuando tuve una operación, me fue a visitar y eso me pareció muy lindo. Después hubo una fiesta en la que coinci­dimos y al final estábamos los dos pasa­dos de copas, y una cosa llevó a la otra. No sé cómo, terminamos besándonos, y a partir de ahí empezamos a frecuentarnos más y más, y ya ahí había una atracción por parte suya.

Y decidieron comprometerse.

Estamos en esas, a pesar de la transfo­bia, de la homotransfobia, mejor dicho, porque la gente que no está enterada del tema mezcla todo.

¿Estuviste en el proceso de la refor­ma trans en la PUCP?

Estuve sí, no tan directamente relacionada con los trámites administrativos, pero sí con la incidencia.

¿No participaste en política en la universidad?

No, pero sí soy activista LTGBI, aunque prefiero llamarme artivista. En el tema de la reforma trans he sido como una vocera en medios de comunicación.

¿Sientes que estás cumpliendo tus sueños?

Sí, siento que, sobre todo, ha valido la pena todo lo que he tenido que pasar como chica trans, porque mi carrera ha despegado después de mi transición, no antes, eso me alegra, me gusta la idea de poder inspirar a otras chicas trans.

¿Puedes contarnos cómo ha sido esta transición, cuánto tiempo te tomó?

Ya voy a cumplir tres años de transición en febrero, pero ha sido y sigue siendo duro. Por ejemplo, yo tuve una interven­ción quirúrgica en la cual se me extrajeron las gónadas, yo ya no produzco testoste­rona y mensualmente tengo que inyec­tarme estrógenos y eso es difícil. Fue este año y es bien difícil de manejar porque hay momentos en que en verdad me descontrola, me pongo hipersensible, me cambia el humor y de la nada me pongo a llorar. Es duro porque conozco mujeres cisgénero que tienen el periodo como más fuerte, pero de alguna u otra forma lo han vivido años, doce, trece, catorce años, en cambio yo recién voy por el primero y para mí es un cambio muy fuerte, porque antes no me pasaba. Pero nada, es parte (del proceso), igual ya lo hice, ya no hay marcha atrás así que tengo que aprender a lidiar con eso.

¿A qué edad deci­diste hacerlo? ¿Le contaste a tu fa­milia, a tu pareja?

A los 20. Primero le conté a mi mejor amigo, y me dijo: «Sí, lo veía venir». Tuve que ir con él para contárselo a mi tía, y no podía, me puse a llorar cuando le dije. Me puse muy sensible, estaba pensando que me iba a rechazar. Mi tía me dijo: «Ya, ok, vamos a hacer esto». Toda mi familia ya sabía que mi identidad era de chico gay, pero no veían venir esto otro. Yo estaba con miedo, porque había construido mi iden­tidad de una forma, era todo ya encajado acá, podía ir a las marchas y todo, y ellos pensar: «Ah ya, mi sobrinito es gay». Pero ya lo otro es el miedo de lo que hagan en la calle conmigo, y al comienzo para ellos era ver al sobrino travestido, pero la gente en la calle no ve eso necesariamente.

¿Y del clóset gay, en qué momento le dijiste a tu familia que…?

Nunca dije directamente que era gay. No lo conversamos, era evidente. Lo que sí pasó, ya sé cómo fue exactamente, yo ya estaba en la universidad en el 2013, es­tudiando otra carrera. Primero estaba en Derecho, pero nunca estuve en facultad, siempre estuve en Estudios Generales. Cuando comencé, en la universidad yo había escuchado que había un grupo llamado GPUC. En el colegio me sentía mal, aislada, no en­tendía que hubiese gente como yo, que fuera diversa, y la gente en mi colegio me decía: «Vas a estar en la GPUC». Hacían ese tipo de bromas homofóbicas, y yo pensaba: «Pues sí, yo voy a ir». Y fui y fue genial porque me sentía como «¡al fin encuentro gente así!» y me gustaba que fueran bien activistas. Empecé a ir a marchas con ellos, y cuando fui a la primera marcha del Orgullo habían hecho como una activación ese año, con ataúdes. Se había desaprobado el proyecto de ley contra los crímenes de odio, y también había uno (un ataúd), recuerdo, que decía «Vero Ferrari»…

Que habíamos muerto y estábamos en un ataúd.

Mi lápida decía «Arnillas, 1995-2013». A mí me tomaron una foto y salió en El Comercio y era evidente. Así fue que todo el mundo se enteró.

Aparte que GPUC tenía una diná­mica especial, porque uno puede imaginarse chicos gays blancos, y eran realmente los más marginales de la PUCP. Eran afros, eran mesti­zos, eran cholos, no era como lo que se esperaba de una élite. Quizás en algún momento lo fue, pero ya no, se habían reunido chicos de Lima Norte, la dinámica era súper distinta.

Claro, yo a las fiestas que iba eran ahí, en Lima Norte. Era bien chévere, me encantó estar en GPUC, ahí fue donde tuve más libertad de expresar mi género como yo quería hacerlo, porque en el colegio, si bien era evidente, igual tenía momentos en que me comportaba masculinamente para que no me hicieran daño. En cam­bio, en GPUC era libertad total, no tengo por qué fingir nada, quiero hablar así y que se me muevan las manos.

¿Sientes algún tipo de responsabili­dad con la comunidad trans?

Sí, siento esa responsabilidad. Siempre que hago una entrevista o cosas así me gus­ta, de alguna u otra forma, mostrar una imagen que se escape del estereotipo para justamente normalizarnos, sobre todo que la gente vea o diga: «No es como yo pen­saba» o que el tema que se está tratando no es lo típico sobre trabajo sexual, o no está hablando sobre algo de sexo nece­sariamente, eso me parece chévere, me gusta poder ir cambiando la mente a la gente o derribando estereotipos.

¿Alguna chica trans que admires?

Sí, Laverne Cox es mi referente, es más mi transición la comencé pensando en ¡yo la amo! Esta mujer me encanta, me encanta lo que ha hecho, empecé a ver Orange is the new black y pensaba: «Qué chévere todo lo que está consiguiendo siendo una mujer negra, y notablemente trans y ne­gra». Ella es mi principal referente, es más me puse a estudiar teatro y todo pensan­do: «Yo quiero ser un día así».

¿Sigues en Féminas?

No tengo mucho tiempo para ir, pero Fé­minas fue muy importante en mi proceso de transición, porque era ese espacio en donde están las chicas que son como yo, y me contaban sus cosas y yo también. Es necesario tener un espacio con gente con la que te identificas. Admiro mucho a Leyla Ariana (líder de Féminas), quiero que sea congresista, tiene toda la capacidad y todo lo que hace lo hace porque le nace. Yo soy Féminas por siempre.

¿Qué mensajes le darías a la comuni­dad LGTBIQ+?

Luchemos por unirnos en vez de aislar­nos, que nos sensibilicemos mucho más entre nosotros, que no aislemos nuestras luchas, que las interseccionemos con las que corresponden a la diversidad de personas que comprenden la comunidad LTGBIQ. Que tengan esa sensibilidad y empatía con las diferencias que hay den­tro de nuestra comunidad, hay gays que son muy racistas.

¿Y a las niñas y niños trans?

Les diría que les espera un futuro mejor porque hay gente que está luchando para que sea mejor que el nuestro, que el mundo está cambiando, que las mentes cerradas se están abriendo un poco más, o muriendo (risas) y que ser uno mismo no va a ser motivo de vergüenza nunca más. Que resistan.

Entrevista publicada en el número de febrero 2019 de la revista Crónicas de la Diversidad. Foto: Alexander Caballero Díaz

Please follow and like us: