Comentarios al libro sobre Luis Hernández «La Armonía de H»

Por Julio Lossio Quichiz

No estoy seguro de si llego a entender de por qué un biógrafo se negaría a investigar sobre un aspecto de la vida de la persona sobre la que escribe. Porque es lo que ocurre en el libro de Rafael Romero Tassara «La Armonía de H. Vida y poesía de Luis Hernández Camarero» que decide no querer saber sobre un tema del que se ha hablado desde hace mucho tiempo: ¿era el poeta Luis Hernández (LH) homosexual?

A poco de comenzar el libro el autor dice: «En lo personal, no creo que importen las costumbres sexuales de LH para interpretar su obra. ¿Cuántos grandes poetas gays, como el exquisito César Moro, ha tenido y tienen nuestras letras? ¿Gozar o no de una libertad sexual es condición sine qua non para evaluar una obra?» (página 36*)

Precisamente sobre César Moro dice David Sobrevilla: «La lectura de la obra poética de César Moro nos ha llevado a esta convicción: que no se puede entender cabalmente su poesía amorosa sin tomar en cuenta que Moro era homosexual» (ver aquí).

Pero al margen de si creemos que la homosexualidad de alguien influye o no en su trabajo, la labor de un biógrafo no puede dejar de lado de antemano aspecto tan fundamental de su biografiado. Vayamos más allá, aún si pensara que la homosexualidad no es un «aspecto fundamental» en la vida de alguien ¿Porqué dejar de lado esa información?

Se me ocurren un par de respuestas. La primera, la dificultad que conlleva investigar sobre el asunto. Hasta hace no mucho hablar de homosexualidad en el Perú no solo era un tabú sino que era tomado como una afrenta. Era prácticamente un insulto suponer que alguien fuera homosexual. En ese sentido el biógrafo correría el riesgo que se le cierren muchas puertas si empieza a correrse la voz que una de las preguntas que hace es esa.

La segunda es que sea el mismo biógrafo el que piense que hablar de homosexualidad es malo, es un insulto o es morboso (una palabra que Romero Tassara usa más de una vez en su libro refiriéndose a otros estudios sobre Luis Hernández).

Solo son tres breves partes en las que el autor hace referencia a la homosexualidad de Luis Hernández.

En la página 30 hace una referencia irónica a aquellos que dicen que es homosexual por su estilo de escribir: «Fue homosexual y de ‘ahí la ternura de sus versos’; entendamos: aquella feminidad inimaginable en un hombre.»

No se vuelve a decir más hasta la página 204, cuando cita a un informante (Armando Arteaga) narrando el momento en que LH presenta en público a su enamorada Betty Adler (octubre de 1976, LH tenía entonces 34 años) a quién había conocido hacía poco: «Esa vez se presentó con ese mujerón que nos dejo idiota a todos. En ese tiempo había gente en el bar Palermo que decía que Lucho era gay, pero era por la bronca que le tenían y porque en esa época si no tenías pareja no eras nadie.» Parece entender el informante que tener una enamorada despejaba las dudas de su homosexualidad.

A lo largo de todo el libro el autor menciona tantas veces sus aventuras amorosas (desde su amor de los 15 años, Josefina Wuemes) que me hace pensar que eran su forma de probar la heterosexualidad exclusiva del bardo.

Y unas páginas más adelante, en la 221, cita al mismo Armando Arteaga citando a LH (en una época en que ya se encontraba muy enfermo) explotando porque le pedían colaborar con una obra sobre poetas suicidas: «¿Qué mierda se han creído ustedes que soy yo para ayudarlos a hacer eso? Estoy cansado que me estén trayendo cosas de suicidas, autodestrucción y hasta crean todo eso que soy maricón. Ustedes me están haciendo daño. Porque yo no soy homosexual, váyanse al diablo con su libro y sus cojudeces de malditos.»

Recuerdo haber leído que también Eielson negaba ser homosexual. Eran otras épocas, donde mucho de tu vida se destruía si salías del closet.

No sabemos si Luis Hernández fue o no homosexual o bisexual. No tenemos información suficiente. Pero quizá estamos en el momento adecuado, cuando aún viven personas que lo conocieron (LH murió en octubre de 1977 a los 35 años), para hacerles esa pregunta. Creo que ya no nos cerrarían las puertas.

*Las citas son referidas a la edición de enero 2008 de la Editorial Campodónico (Lima).

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