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El gran desafío de Marvel

 

texto Arcadio Bolaños

artbyarion.blogspot.com

Lima, Agosto 2014

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Cuando Stan Lee y Jack Kirby crearon a los X-Men empezaron, también, una auténtica revolución. Los X-Men originales eran jóvenes desadaptados, con una difícil adolescencia: para nosotros, humanos comunes y corrientes, el asunto se limita al despertar sexual y a las hormonas que se salen de control; para ellos, en cambio, el tema era aprender a controlar sus poderes al mismo tiempo que se las ingeniaban para mantenerlo todo en secreto.

A diferencia de otros héroes, los mutantes de Marvel siempre fueron rechazados por la sociedad. Para estos jóvenes héroes, confesarles a sus padres su verdadera condición era algo sumamente difícil, equivalente, de hecho, a “salir del closet”.

No sorprende entonces que un cineasta abiertamente gay como Bryan Singer decidiera aprovechar esta perspectiva para narrar en la pantalla grande las sagas de X-Men. Porque los mutantes siempre fueron eso: una metáfora de la discriminación, el testimonio de una juventud que era marginada solo por ser diferente.
Desde luego, aquello que era apenas sugerido o intuido en esas décadas primigenias llegaría a concretarse. Ya en los 80 (gracias a John Byrne) haría su aparición Northstar, quizás el primer superhéroe homosexual en la historia de la industria del cómic estadounidense.

Obviamente, en esa época, ser gay todavía estaba mal visto, así que Northstar asumía su sexualidad con discreción y se mantenía apartado de sus colegas mutantes. Northstar recién se casaría con otro hombre en el 2012, en el memorable Astonishing X-Men # 51, un cómic que celebra la posibilidad del matrimonio gay al mismo tiempo que resalta la intolerancia de otros superhéroes que no ven con buenos ojos semejante unión.

La revolución que empezó en los 60 ha seguido gestándose, y el resultado ha sido absolutamente sorprendente. Ahí tenemos colecciones tan innovadoras y polémicas como Young Avengers, en la que encontramos a un grupo de Jóvenes Vengadores que imitan a los superhéroes clásicos. Entre ellos están Wiccan y Hulkling (al principio versiones juveniles de Thor y Hulk), la pareja gay por excelencia de Marvel. Aunque inicialmente al público le costó mucho aceptar que estos dos chicos podían amarse y estar juntos, al final ambos se han convertido en personajes emblemáticos.

Hubo cartas furibundas, de lectores reaccionarios que aseguraban que esta pareja gay era un pésimo ejemplo que incentivaba un estilo de vida nefasto. El autor Allan Heinberg (exitoso productor de Hollywood, responsable de series como The O.C. o Grey’s Anatomy) supo cómo responder a esos ataques: simplemente explicó todo lo que él había padecido en su adolescencia a causa de su homosexualidad y del rechazo social, y señaló lo mucho que hubiese significado para él leer un cómic en el que hubiese un héroe gay que fuese retratado como alguien noble e inspirador.

Y eso es exactamente lo que Heinberg logró con Wiccan y Hulkling: darle legitimidad al amor entre dos sujetos del mismo sexo, restándole importancia a aspectos como la edad, la raza o cualquier otra de las invenciones que usamos a menudo para discriminar al otro.

Finalmente, prestigiosos escritores como Brian K. Vaughan han explorado temas difíciles de abordar, como el lesbianismo, en las páginas de Runaways. Pero de un modo u otro, el mensaje revolucionario de Marvel es hoy más claro que nunca: en la diversidad está el gusto.

 

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