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Lima, ¿gay friendly?

 

texto Jorge Chávez Reyes / Presidente del MHOL

Fotos: Chechi

Lima, Agosto 2014

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La elección de Susana Villarán permitió a las personas LGBT de Lima tener esperanza de que, por fin, se hiciera algo para incluirlas como habitantes de pleno derecho de la ciudad. Hay que reconocer que hubo muestras de que se tenía la voluntad de hacerlo y la mayor muestra de ello fue el anuncio de una ordenanza contra la discriminación, pocos días antes que la Alcaldesa inaugurara por primera —y única vez— la Marcha del Orgullo.

Sin embargo como bien sabemos, todo quedó en nada. Los grupos religiosos fundamentalistas se movilizaron y, finalmente, bloquearon toda posibilidad de avance. Desde la Municipalidad en la gestión de Villarán que está por concluir, se han hecho algunas cosas, puntuales, como la campaña para que las travestis obtengan su DNI y dar facilidades para que se celebren las manifestaciones del Orgullo, pero nada que pueda considerarse un avance real.

En el mundo hay muchas ciudades que han considerado importante desarrollar políticas específicas para la población LGBT. De hecho algunas ciudades incluso buscan posicionarse como un destino turístico gay friendly. Es que hay una importante relación entre el entorno urbano y el desarrollo de la “cultura gay” y el activismo por los derechos LGBT. Las ciudades medianas y grandes, han servido de refugio a lesbianas, gays, bisexuales y trans, proporcionándoles un espacio, si bien marginal, donde encontrarse y desarrollar ese aspecto de su vida que debían mantener “normalmente” oculto.

Los gobiernos de las ciudades perseguían oficialmente a los homosexuales y la policía acostumbraba hacer redadas en sus lugares de reunión pero la presión ejercida era solo la suficiente para “quedar bien” con la opinión pública, en épocas en que el estigma sobre la homosexualidad era muy fuerte. Con el tiempo y con la formación de barrios o enclaves de población mayoritariamente LGBT —donde se desarrolló la “cultura gay” y nació el activismo— esto cambió y, se pasó de la persecución a la integración en igualdad, tomando en cuenta que la diversidad en una ciudad es considerada ahora un valor y una ventaja al momento de atraer inversiones. Es que una ciudad con una oferta cultural y de ocio variada atrae gente creativa que dinamiza la economía. Una ciudad no puede ahora darse el lujo de ser “aburrida”.

Para integrar a las personas LGBT las ciudades han desarrollado políticas públicas dirigidas a este fin. Y no ha sido solo en las grandes ciudades de Europa o de Estados Unidos, tenemos muy cerca la capital de Colombia, una ciudad que nos puede servir de ejemplo.

En Bogotá, en 2009 por acuerdo de Concejo se establecieron los lineamientos de política pública “para la garantía plena de los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas (LGBT) y sobre identidades de género y orientaciones sexuales en el Distrito Capital”, gracias a los cuales se ha garantizado a las personas LGBT el acceso a los servicios que brinda el Municipio, se ha establecido un Concejo Consultivo LGBT, se ha establecido una Casa de Refugio y se ha desarrollado sostenidamente campañas contra la homofobia y transfobia.

Una política similar fue aprobada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en Buenos Aires en 2012.

A Lima le hace falta eso.

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