Entrevistapersonajes

Pedro Palanca / la errancia de torcidos pies

 

texto Javi Vargas

Ilustraciones : Pedro Palanca

Lima, Agosto 2014

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En un temprano dibujo de los años setenta, como parte de una serie de historietas, Pedro Santillana a.k.a. Pedro Palanca (1968-2014) creaba una escena donde un lloroso zorro aparecía siendo lamido en los pies por un animal amigo en una escena de despedida. Aun antes, había dibujado 7 adorado por chichis, con un surrealista “número siete” antropomorfizado de un sobredimensionado pie desnudo en una escena de crucifixión. En la década de los noventa, Pedro reinventaría sus tempranas historias de zorros y pies en la historia de amor homoerótico titulada Hunter & Fuxindy, para posteriormente, en nuevos dibujos sexualizar el cuerpo masculino animalizando ciertas partes: narices-hocicos de zorro-penes-pies-testículos-mentones que podrían leerse como “dildotecnias”. Pedro comenzaba así a construirse procesos creativos de subjetivación que desafiaban historias patriarcales de colonización y animalización retomadas por las retóricas humanistas y la heterosexualidad como régimen político.

Cuando la vida imita al arte -para decirlo con Oscar Wilde, crear resulta para algunas descender y viajar. Descender-arrodillarse en parques de vagabundos durmientes al sol de la tarde, descender escribiendo contragenealogías: Palanca desciende orgiásticamente de los caminos desviados de los viajes fotográficos de Wilhelm von Gloeden, y de la tradición del dibujo homoerótico de Elisar von Kupffer, Paul Cadmus, George Quaintance, Etienne y Tom de Finlandia, de las contaminaciones abyectas de la subcultura gay norteamericana y las revistas herederas de Physique Pictorial. Podemos decir que “no hay una apropiación […] no hay una propiedad sino, al contrario, una desapropiación” de la propiedad privada cuando reconocemos los trazos contaminados y la reinvención que hace Palanca. Pero también sucede de otra manera: en sus fantásticos dibujos, no hay un interés por una anatomía realista sino más bien hacer del dibujo un retorcido devenir deseante, la alteración anatómica manierista de los pies masculinos sobredimensionados y sexuados, los pies de gigantescas y serpenteantes venas en enormes dedos, aislados pies gigantes abrazados masturbatoriamente por pequeños hombres desnudos, la monstruosa animalización de ciertas partes del cuerpo, retoman y desplazan la tradición y estrategias estéticas del surrealismo hegemónico desbaratando radicalmente sus retóricas y discursos heterosexistas, pero también permitiéndole crear “engendros fabulosos” . Engendros, cuerpos no humanos, que pueden suponer una amenaza al orden mayoritario que borra las claves que impugnen la unidireccionalidad de sus retóricas.


Engendros que descienden, pero que también viajan, viaje retorcido que escribe con el cuerpo contra-historias en un sudoroso devenir errante enredando y retejiendo cual vampira-araña nuevas constelaciones en desafío al orden y las sujeciones del tejido urbano. Caminar y dibujar, el trazo del dibujo viajante como la huella de desviadas derivas, pero también fotografiar caminando: nos encontramos con Palanca, asolapado fotógrafo cual puigiana mujer araña por Lima, “cartografías deseantes” atrapando en su red pies de sudorosos vagabundos durmientes de la tarde, pies de cargadores de La Parada, sudorosos cobradores de combi, letanías de pies enredantes, torcidos pies vagabundos en viaje que huele mal, que huele a pie delicioso, pie sudado, dedos de pies que invitan a ser succionados, “el camino evoca al pie que en él se apoya” .
Pedro errante, pero también “Palanca”, que pareciera sugerir la erección y la diagonal que levanta, un dispositivo de apertura del ano clausurado del varón -pies torcidos lamiendo el ano- y en esa apertura la creación de tráficos deseantes que permiten la circulación desobediente de fluidos entre los cuerpos, fluidos que no son ajenos a su creación sino que constituyeron desde un inicio, parte de la intensidad y la vulnerabilidad de la vida trashumante de Pedro: flujos de intensos sabores a decir de su pequeña historieta de los años setenta donde un zorro herido le ofrece su sangre a un cansado y amoroso amigo, quien luego del succionador ceremonial le dice lo que también podríamos decirle a Pedro: “tu sangre es dulce” en el fluir intenso de torcidos pies que no saben a dónde van.

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