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Estrellas Solitarias

 

por Julio Lossio Quichiz

Stars

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Cuando en el Oscar de 1992 “The Silence of the Lambs” tuvo 7 nominaciones (ganaría 5) activistas norteamericanos protestaron por la imagen que esta película presentaba de la población LGTB (el asesino en serie resultaba siendo un gay desequilibrado que extraía la epidermis de sus víctimas para confeccionarse un vestido).

Pensaba en esto mientras veía “Estrellas Solitarias” ópera prima del mexicano Fernando Urdapilleta en la que el trans protagonista muestra envidia, egoísmo y llega al asesinato cruel para beneplácito del público que lo aplaude al final.

El mundo retratado por Urdapilleta es como una pesadilla sicodélica, de colores brillantes y música punk a todo volumen. Una irrealidad sutil que me parecía por momentos “Made in Usa” ¿recuerdan? Ese retrato cruel maravilloso hecho por Claudia Llosa de una comunidad imaginada donde un padre de familia abusa de sus hijas y en la que semana santa es una fiesta pagana en donde cualquier pecado se puede realizar, porque Cristo está muerto pues y no te va a ver.

Como Made in Usa, Urdapilleta presenta una realidad perversa y desfigurada por las exageraciones de la maldad de ambos lados. En ese sentido, no hay maniqueísmo en ella de parte de los buenos (las buenas): El travesti fraterno está dispuesto a vender drogas en las escuelas en cuanto le falta dinero y la amiga solidaria, a asesinar.

El malo es un malo de caricatura, a lo Pierre Nodoyuna y, si no fuera por su presencia que nos despabila, cometeríamos el error de pensar que es una película realista cuando la verdad es que es una parodia extrema de lo peor de la vida, con sus peleas, culebrones, venganzas, zancadillas y cálculos viles.

Me sorprende, en ese sentido, el exceso sin contemplaciones en el cine mexicano (Julián Hernández me viene también a la cabeza) cuando acá andamos preocupándonos por la imagen nuestra en la pantalla (chica y grande). Creo que hay un paso que ellos han dado que veo reiteradamente que nos cuesta mucho dar por estos lares: la defensa de nuestros derechos no tiene que ver con portarnos bonito y salir guapos y bien peinados (aunque, debo decirlo, no podemos y quizá no debemos, evitar que algunos quieran tomar como ejemplo a los activistas contra El Silencio de los Corderos, que sigan su camino sin molestar a los demás).

La película tiene momentos chirriantes en su surrealismo, no lo niego: El hacer una fiesta del funeral, la golpiza al policía, y el cura echándole agua bendita al niño mientras el padre homofóbico lo ata a un árbol para que se lo coman los coyotes, entre otros, producen cierta risita nerviosa en el público que hasta el final no sabe si es ultrarealismo trans o si le están tomando el pelo. Al final, sin embargo, queda la sensación de haber visto una gran película. ¿Existen recetas para hacer una película de culto? No que yo sepa, pero diría que esta tiene todos los ingredientes, sus altibajos incluidos.

Estrellas Solitarias Conferencia de Prensa

Director y actriz principal