Entrevistaactualidad

¡Giuseppe Campuzano, presente!

 

Texto Max Lira

  • alt text
  • alt text

Si en la Historia no se existe, no es porque uno no exista. Hay que rastrearse. ¿Por qué hay que rastrearse? Olu Oguibe: “Solo aquellos que deben emprender una batalla constante por existir se comprometen a elaborar estrategias para preservar su existencia. En cambio, aquellos que han heredado el privilegio de existir y de dar por sentada su existencia no tienen ninguna necesidad de entenderse a sí mismos o a aquellos a quienes se les ha negado dicho privilegio”. Si entendemos que la batalla por el reconocimiento es una batalla por la existencia, caemos en cuenta de que rescatar la memoria es siempre un acto político.

Giuseppe Campuzano rescató a las locas de las garras heterocentradas de la Historia. Las rescató para que podamos rescatarnos. Desaforadas del género, mujeres falsas, andróginos, sidosas, maricones, travestis. ¿Siempre habíamos sido travestis? La invaluable obra de Campuzano, El Museo Travesti del Perú, es, entre otras cosas, una (contra)historiografía de la disidencia y de los roles que la disidencia ha desempeñado en diversos contextos. De figura mágica mediadora entre lo terrenal y lo sobrenatural a marginal depositario de violencia y enfermedad, la travesti es presentada a lo largo de sus numerosos travestismos en las historias oficiales y no oficiales. Asimismo, el travestismo como práctica identitaria y cultural es expuesto por Campuzano desde una mirada mucho más compleja en donde tanto sexualidad como historia, ciudad y política hacen gala de hábitos travestis en los cuales podemos y debemos reconocernos. ¿Qué es este afán de hacernos querer pasar por un país moderno, democrático y en vías de desarrollo sino un cruel e hipócrita travestismo?

“Los museos han sido desde sus inicios espacios de memoria y reflexión, como también de sacralización y dogma, donde las obras coleccionadas surgen y fluyen, pero dentro de un canon que asimila o desecha. Como musas travestidas, alentamos la interpretación e impugnamos la autoridad”. Con su museo, Campuzano desea trasladar el aura de infecciosidad y contaminación que rodea a las travestis en las sociedades homofóbicas al núcleo duro de asepsia y “belleza” que representa la sala del museo moderno. El arte, como la historia y la prensa, es un discurso que filtra y escoge los elementos coherentes con su hegemonía. Travestir el museo, crear uno destinado a la celebración del travestismo en el Perú, constituye un hito en el arte y la historia peruanas que nadie más, sino Giuseppe, pudo haber realizado de una manera tan bella y subversiva.

El 9 de noviembre del 2013 no nos dejaste, Giuseppe, solo has vuelto a travestirte. “No soy artista travesti, sino un travesti profesional” habías dicho, incorporando (en el sentido de asimilar en el cuerpo propio) aquella convicción que desborda cada palabra e imagen de tu museo. No había límite para ti, no eras un intelectual que observaba desde lejos su objeto de estudio, ni un artista que se nutre de las vidas ajenas y les da un marco desde una mirada aliviada. Múltiple, liminal, en constante devenir, travesti. Hasta siempre, Giuseppe. Siempre presente en todas nosotras.

 

 

Publicidad

  • alt text