Entrevistaactualidad

Oswaldo Reynoso y Beto Ortiz

 

y el goce de los sentidos

Fotos: Coco Alarcón

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Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) ha publicado el poemario Luzbel (1955) y las novelas Los inocentes (1961), En octubre no hay milagros (1965), estas dos incluidas muchas veces en el plan lector del Ministerio de Educación; El escarabajo y el hombre (1970), En busca de Aladino (1993), Los eunucos inmortales (1995), El goce de la piel (2005), En busca de la sonrisa encontrada (2012), Gallo gallina (2014) y Arequipa lámpara incandescente (2014). Ha ejercido la docencia universitaria, ha sido vicerrector de la Universidad La Cantuta y ha trabajado como corrector de estilo en China de 1977 a 1989. En todos sus libros manifiesta una inocultable sensibilidad homosexual.

Oswaldo Reynoso, ¿cómo se define?
Más o menos desde que tengo uso de razón, desde los 14 años, siempre me planteé el proyecto de dedicar toda mi vida a dos actividades fundamentales: la docencia y la creación. Y efectivamente, ahora que ya tengo 84 años, me parece que he cumplido esta promesa que me hice a los 13 o 14 años y ahora descubro que estas dos actividades se han enroscado como dos culebras en toda mi vida. Y ahora descubro que esas dos culebras tienen una sola cara, y la única cara que creo que tienen esas dos serpientes es el crear belleza a través de la palabra e imagen para conmover a los posibles lectores.

En su creación literaria, de algún modo u otro se percibe un despliegue sensorial, el despliegue del olfato, del gusto, del tacto ¿Es ésta una intención consciente o es una intención que aflora del deseo, del placer de los sentidos?
En la vida de un creador, la creación parte de dos fuentes fundamentales: una fuente es su experiencia vital, su vida cotidiana, su entorno familiar, su entorno social, lo que le cuentan los amigos, lo que ve, todo eso es la experiencia vital. Pero al lado de eso también hay otra experiencia que es la experiencia cultural, lo que uno conoce, lo que uno ha leído, la preparación, estas dos experiencias se juntan y explotan en la creación literaria. Entonces el carácter del goce sensorial de mi creación es porque efectivamente mi vida se ha desarrollado en el placer de los sentidos y es una especie de convulsión que de alguna u otra forma se hace evidente en todo aspecto.

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