Entrevistaactualidad

Beto Ortiz

 

entrevista Alejandro Merino y Julio Lossio

fotos Coco Alarcón

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Un libro con temática homosexual “es el único antídoto que tienes frente a la manera como te envenenan contra ti mismo”

Beto (Lima, 1968) ha publicado la novela Maldita Ternura el 2004 (reeditada este 2014) además de cinco libros de crónicas: Grandes Sobras (2006), Mis Queridos Vándalos (2007), Por Favor No Me Beses (2010), Soy el Hombre de Mi Vida (2011) y El Inconquistable (2011).

Eres un periodista y un escritor reconocido en el medio ¿Cómo se define Beto Ortiz?
Si tuviera que quedarme con un oficio yo me siento más un reportero porque para tener derecho a llamarse escritor hay que haber tenido una continuidad, una obra constante y yo, básicamente, he dedicado mi tiempo al periodismo, a la crónica. Me parece pomposo llamarme escritor cuando todavía no lo soy. De hecho creo que hay una facilidad de los jóvenes de autodenominarse escritores antes de tiempo. En todo caso es un título que yo creo que se gana con el trabajo, con una obra constante y con el tiempo. Todavía no me siento tal.
Me valgo de la palabra escrita sí, porque es parte de mi trabajo pero también disfruto otras formas de periodismo como la televisión  y la radio.


En los agradecimientos de la primera edición de Maldita Ternura dices “A Oswaldo Reynoso, maestro y chochera”. Quién es para ti Oswaldo Reynoso.
Sobre eso hasta he escrito en la presentación de una de las ediciones de Los Inocentes. La literatura de Oswaldo llegó a mí gracias a que tengo un tío artista que desde muy temprana edad me daba, casi de contrabando, libros que él consideraba valiosos, y dentro de esos libros se encontraba “Los Inocentes”, que es un libro crucial para mí no solamente por que las historias que cuenta, la forma como están contadas, el lenguaje vibrante, vivo, el detalle con el que está escrito, me cautivaron, sino porque llegó a mis manos en un momento en el cual yo estaba entrando a la adolescencia y con una cantidad de rollos en mi cabeza. Creo que llegó en el momento exacto. Probablemente yo era un inocente en el momento en que llegó a mis manos (ríe). Y una historia que siempre me ha cautivado es la historia de Cara de Ángel, esa especie de persecución poética de un hombre a un muchacho al que ve como la encarnación de la belleza, inalcanzable, creo que es algo que todos hemos sentido en algún momento o sentimos todavía, con un poco de suerte. Yo creo que si tuviera que definir mi vida afectiva muy probablemente me valdría de esa imagen del hombre que camina detrás de Cara de Ángel y lo observa y él lo observa y voltea y lo mira y el chico mira a la vitrina y lo mira a él y el chico mira a la camisa, etc. Esa imagen tan simple pero tan poética al mismo tiempo es una definición de la búsqueda del amor que uno continúa buscando toda la vida, porque no me gusta hablar de amores imposibles porque todos los amores son posibles, no serán correspondidos pero todos son posibles.
Además es una vivencia tan intensa.
Y que creo que de alguna manera buscamos de reeditarla y de revisitarla cada vez que nos volvemos a deslumbrar por la belleza o por la inocencia o por el brillo de alguien.

“Simulo no verlo. Su mirada quema. Seguramente estoy sonrojado. Eso le gusta: inocencia y pecado. Está nervioso. No se atreve a dirigirme la palabra. Clavo mis ojos en los suyos, como jugando, para avergonzarlo. Desvío la mirada. Miro la camisa. Él me mira. Lo miro. Y, él, mira la camisa. Mejor hay que sonreír. Si me voy, él me sigue. Si me quedo, él me habla. ¡Esto es un lío! ¡Un lío!” Los Inocentes, Oswaldo Reynoso.

Hay un artículo en donde hablas del suicidio de Luis Enrique por bullying homofóbico, “Ángeles Suicidas”. Mencionas que, de haber sido tu hijo le hubieras leído a Reynoso, a Lorca, a Rimbaud… Qué tan vital, qué tan importante es que esta literatura, referencia de cierta sensibilidad especifica, se difunda, esté en el plan lector por decir algo.
Para un adolescente, para un joven peruano es el único antídoto que tienes frente a la manera como te envenenan contra ti mismo a través de todos los mensajes que tú recibes en los programas cómicos, en las cosas que lees, en los comentarios de tus compañeros, los insultos de barrio que siempre son “cabro es lo peor”, “maricón es lo peor”, “rosquete es lo peor” y te machacan eso desde niño tus padres, tus primos, tus amigos. Por más que tú llegues a entender que no es cierto, ya tienes eso casi en tu ADN, entonces cómo te vacunas contra ese bombardeo. La única manera es descubrir que hay personas que han sido generadoras de belleza, de sabiduría, de grandes cosas que han sido como tú.
Entonces, este chiquito que vivía en una casucha miserable y que soñaba con algún día ser un gran bailarín, un gran coreógrafo pero vivía en una casa con piso de tierra y de esteras que él forraba con fotos de Justin Bieber para que el lugar que era horrible fuera menos horrible, si alguna vez hubiera ido a ver un musical, hubiera visto una película, le hubieran dicho que los grandes bailarines y coreógrafos del mundo eran como él, si hubiera tenido la oportunidad de leer las cosas que escribieron otros homosexuales peruanos, o cubanos o colombianos o italianos, hubiera podido entender que no había nada malo con la persona que él era. Pero lo único que recibió fue humillación, insultos, la hermana que lo bañaba en pichi, que lo golpeaba, que no se qué. Me parece que es como una salvación, como una tabla de salvación para algunos.

“Si Luis Enrique hubiera sido mi hijo […] Le hubiera demostrado, con ejemplos, cuántos homosexuales han sido y son los grandes hombres de este país. Le hubiera contado, para empezar, que a César Moro –uno de los más grandes poetas del Perú– también le hacían bullying sus alumnos del Colegio Militar Leoncio Prado porque tenía un modito afectado de hablar, porque sabía francés, porque escribía cosas como Antonio es Dios Antonio es el Sol Antonio puede destruir el mundo en un instante. Le hubiera contado que Jorge Eduardo Eielson –a quien el poeta Antonio Cisneros alguna vez le dijo, en su cara, que era más grande que Vallejo– vivió la mayor parte de su vida en Italia al lado del pintor sardo Michele Mulás, el hombre al que siempre amó y al lado del cual reposa sepultado en el cementerio de Barisardo. Le hubiera dicho que el autor de “Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola…” el poema que lo obligaban a memorizar en el colegio también era homosexual como él y se llamaba Abraham Valdelomar, una de las mentes más hermosas que hayamos tenido. Y que también eran homosexual el genio absoluto de Martín Adán y Juan Gonzalo Rose, aunque sus parientes lejanos quieran mandarme cartas de rectificación. Le hubiera leído “Los Inocentes” de Oswaldo Reynoso, a voz en cuello, para que encontrara un lugar donde colocar el sentimiento de su inocencia […]” Ángeles Suicidas, Beto Ortiz. En Perú 21, domingo 13 de abril del 2014.

En más de una oportunidad hemos percibido un gran resquemor en cuanto al activismo LGTB. Pero en parejas imaginarias fuiste evidentemente EL interventor. Fuiste muy militante y activista. Qué reflexiones tienes en cuanto a esto.
Lo que pasa es que yo he tenido un poco de alergia a las militancias porque soy un individualista, de hecho las cosas que he hecho, escribir o incluso cuando he hecho deporte, los deportes que practico son muy individualistas, bicicleta, natación. No soy de tribu, de collera. No tengo ese talento. Siempre le he huido a tener una camiseta, un carnet, una militancia, pero me pareció que en esta coyuntura era importante comprometerse. Sobre todo porque la gente que no puede o no quiere o tiene miedo de salir del closet siente que estás en ventaja porque ya diste el paso. Y si bien es un poco conchudo esperar que el que está afuera pelee por ti me pareció que si la discusión estaba en todos los medios y la presión estaba en el lado contrario (Cipriani, Martha Chavez, los evangélicos, todos los que yo llamo los profetas del dio), había que decir algo ¿no? Y si estaba en un momento en el cual probablemente lo que dijera iba a ser escuchado, hubiera sido cobarde no comprometerse. Prácticamente fue una campaña que hice con dos amigos. Con Inés Menacho, la fotógrafa, y con mi productor, que me ayudó a convencer a la gente. Y todo fue con amigos, ayúdame con esto, ayúdame con lo otro. Pero fue curioso porque las criticas que tuve y las opiniones maleteras vinieron del lado gay (rìe), la gente que más me criticó fue la gente del MHOL, la gente que decía “¡Ay! Por qué han puesto heterosexuales, ¿acaso los homosexuales se avergüenzan?”. No entendieron nada.


Vas a publicar un próximo libro que, has dicho, va a salir en noviembre en el cual Oswaldo Reynoso ha escrito el prólogo. Puedes contarnos un poco de él.
Si. El libro se va a llamar “Nosotros Matamos Menos”. La famosa frase de Jorge Trelles en la campaña del 2011. Pero el contenido del libro no tiene nada de asesino. Creo que al contrario, es un libro que tiene crónicas bastante intimistas. Sobre mí, sobre el Perú, sobre la época que me ha tocado. Estoy contento con el contenido porque difiere de otros libros. Porque la persona que escribe está menos crispada, menos indignada, menos necesitada de llamar la atención. La manera como están contadas las historias es de una manera más calmada. No sé si menos pretenciosa, pero menos angustiada por si lo leerán, no lo leerán, qué dirá la crítica, se venderá, no se venderá, si será bestseller. Esas cosas no me preocupan por suerte. Sí me preocuparon antes, como todo amateur. Pero he comprobado con alegría que mucha gente joven lee las cosas que escribo. Recibo muchos comentarios muy alentadores de lectores muy jóvenes. Y bueno, imagínate, que Oswaldo me haya escrito el prólogo es ya una medalla.

La primera vez que publiqué Maldita Ternura venían los periodistas y me decían: “Es un libro gay” y yo les decía “No, los libros no pueden ser gays, los autores podemos ser gays (ríe) pero los libros no”. Me molesta un poco eso, porque me parece que pone una especie de predisposición en el lector. Yo creo que un lector debe acercarse a un libro sin ningún antifaz, sin ningún prejuicio, sin ningún filtro. Y a veces los afanes de darle publicidad a una novela o a una película hacen que la gente se predisponga. Ahora que conseguí reeditar mi libro y lo podé un poco (porque sentí que el producto estaba inacabado) me ha sorprendido que muchos lectores como señoras mayores o chicos de universidad me han comentado diversas cosas sobre el libro y han obviado el tema homosexual que no es el tema principal, obviamente el personaje o algunos personajes tienen encuentros sexuales y son del mismo género, pero no creo que sea lo que defina el libro.

Oswaldo Reynoso: Los profesores en los colegios no comprenden el sentimiento y lo que conocen los jóvenes que están a su cargo. En un colegio de Villa el Salvador me nombraron jurado para un concurso de cuentos, era un colegio mixto, los profesores me hablaban que eran jóvenes, muchachas muy buenas. Pero la temática de los cuentos que presentaron no tenía nada que ver con la opinión que los profesores y toda la gente tenía de estos jóvenes y estas muchachas. Por ejemplo una temática era la alumna de doce años, trece años que salía embarazada. Otro tema era el problema de las pandillas. Otro tema era cómo ingresaban a las drogas. Y había también varios temas de una explosión de muchachos que eran homosexuales.
Beto Ortiz: Y lo expresaban escribiendo.
Oswaldo Reynoso: Sí. Entonces los jóvenes actualmente están en otra, como se dice.  
Beto Ortiz: Con Oswaldo nos pasó algo en un colegio que yo atesoro como una experiencia inolvidable. En el Colegio Dalton de Lince. Un grupo de amigos, Javier Arévalo, Gustavo Rodríguez iniciaron una colección de libros que se incluyeron en el plan lector. La colección se llamaba “Me Hago la Vaca”, la editorial se llamó “Recreo”. La idea era brillante: que los libros de lectura no fueran necesariamente de autores de hace dos siglos que podrían parecer aburridos para los chicos sino textos un poco más contemporáneos. Entonces le pidieron textos a Oswaldo, le pidieron a una serie de autores. Y a mí también me pidieron algunos textos que yo los recopilé en un librito que se  llama “Mis Queridos Vándalos” y en cuya portada hay unos pandilleros de la trinchera norte. Dentro de los textos, sí, hay algunas crónicas con cierto nivel de crudeza. Pero no hay nada que, digamos, sea una invitación ni al asesinato, ni a la droga, ni a la orgía (ríe) ni nada por el estilo. Eran crónicas de cosas que han ocurrido. Bueno, en este colegio Dalton la directora vetó mi libro. El profesor había pedido que lo leyeran y la directora intervino y lo prohibió. Alguien me hizo llegar esto en una carta y nosotros fuimos al día siguiente a la puerta del colegio con una carretilla de supermercado a regalar libros de Oswaldo, de Javier Arévalo, míos a los chicos. Y cuando se dieron cuenta en el colegio, no los dejaban salir. Estaban aterrados ante la posibilidad de que a los chicos les diéramos libros, o sea no drogas, no armas, sino libros (ríe). No los dejaban salir ¿Verdad? Los secuestraron. Y estaban todos los papás esperando afuera.  


Oswaldo Reynoso: Y de adentro gritaban.
Beto Ortiz: Los chicos querían salir. Y no podían salir porque la directora había dado la orden que no salieran. Y los tuvo ahí secuestrados esperando que nos fuéramos. Tuvimos que irnos unas cuadras más allá. Igual los regalamos.

 

Oswaldo Reynoso: Abraham Valdelomar fue el primero en la literatura peruana que destaca la belleza corporal de los jóvenes peruanos. Todo el Perú ha leído El Caballero Carmelo.. [lee]:
“Junto al bote duerme el hombre de mar, el fuerte mancebo, embriagado por la brisa caliente y por la tibia emanación de la arena, su dulce sueño de justo, con el pantalón corto, las musculosas pantorrillas cruzadas, y en cuyos duros pies, de redondos dedos, piérdanse, como escamas, las diminutas uñas. La cara tostada por el aire y el sol, la boca entreabierta que deja pasar la respiración tranquila, y el fuerte pecho desnudo que se levanta rítmicamente, con el ritmo de la vida, el más armonioso que Dios ha puesto sobre el mundo.”
Yo creo que este párrafo es el inicio de una literatura donde se expresa la belleza de los jóvenes en el Perú. Valdelomar es el primero que destaca la hermosura de los jóvenes peruanos.


Beto Ortiz: Martin Adán también.
Oswaldo Reynoso: En el caso de Martín Adán en toda su obra yo solo he encontrado una referencia a los muchachos peruanos. Dice: “Los muchachos peruanos aparentemente inmundos”, es decir por la presión religiosa y moral de la época encubre un sentimiento profundo: Dice “aparentemente”. La palabra aparentemente es importante en Martín Adán porque él tiene que disimular que le gustan los muchachos. “Aparentemente inmundos”, lo que quiere decir que no son inmundos para él.
Beto Ortiz: Hay una correspondencia que se ha publicado entre Martín Adán y Allen Ginsberg. El Poeta de los Beatniks estuvo acá, conoció a Martín Adán y tienen cartas en las que hablan de los chicos de la parada. Los pájaros fruteros de la época.

 

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