«Yo experimenté una sensación de orgullo auténtico»

Entrevista de Vero Ferrari

María Ysabel Cedano es abogada, activista lesbiana feminista y directora de Demus. Es parte del colectivo LIFS y fue candidata al Congreso por el Frente Amplio.

¿Cómo iniciaste tu activismo lésbico?

En el 2005, mi experiencia personal, sexual, lésbica, afectiva me llevó a comprometerme más con la lucha lésbica y decidir ser parte de ella. Esto me llevó a escribir el primer borrador de un manifiesto: «Insurgencia sexual», donde quería articular la lucha lésbicofeminista contra el patriarcado y contra uno de sus mandatos que es la heterosexualidad obligatoria y la heteronormatividad y sumar, porque no era la primera, había un movimiento anterior que ya enarbolaba la bandera de la visibilidad, y me di cuenta en ese momento, en ese año 2005, lo difícil que era aún para las propias activistas lesbianas ser visibles públicamente, porque muchas compañeras que habían logrado ser visibles dentro de sus familias, pero no con la familia extendida, para muchas sigue siendo complicada la visibilidad en los barrios, en la escuela, en la universidad, en los sindicatos, trabajos, partidos políticos y sobre todo en las comunidades campesinas o andino amazónicas.

¿Qué sentiste cuando empezaste a activar?

Yo experimenté una sensación de orgullo auténtico, porque me di cuenta que el ser lesbiana te coloca en otro lugar, uno que te permite mirar lo masculino, y en general a los hombres de otra manera, y me sentí liberada. Puede sonar obvio y básico para muchas lesbianas activistas históricas con activismos de larga data, pero me di cuenta del costo de poder afirmarse públicamente lesbiana orgullosa y feliz, a pesar de que enfrentamos la discriminación múltiple, étnico raciales, de clase. A pesar de todo ello, no había muchos referentes lésbico feministas que pudieran ser reconocidos más allá del movimiento feminista o LTGBI. Creo que la única referencia pública en ese momento era Susel Paredes. Lo digo porque el 2005 yo decidí por primera vez ser parte de un partido político y acepté participar del congreso de fundación del Partido Socialista.

¿Cómo fue tu participación en el PS?

Fue una de las primeras decisiones de hacer un activismo lésbico militante, decidí una militancia lésbico feminista en un partido, y hubo una coincidencia donde varias decidimos ir a ese congreso, éramos como doce lesbianas, aceptamos la convocatoria de Susel y de Aida García Naranjo para inscribirnos en el PS y empezar a disputar el ideario, el programa, pero sobre todo la cultura política de un partido. El PS, ya bajo el liderazgo de Javier Diez Canseco como congresista, había hecho suyo el proyecto de ley contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género, en ese sentido ya había una evidencia de ser una organización que podía acoger estas demandas y convertirlas en agenda pública. En ese congreso las feministas teníamos como finalidad colocar en la agenda del partido, la nuestra, y en el programa quedó el reconocimiento de la igualdad y no discriminación por orientación sexual, aunque creo que no de la identidad de género, en ese momento era porque en el desarrollo conceptual la homosexualidad abarcaba las identidades de género, abarcaba ser gay, lesbiana y trans, en ese momento no se hablaba de identidad de género como ahora se ha logrado, como lo han logrado lxs compañerxs trans, y se quedó también la lucha más dura, que ganamos también por votación: la despenalización del aborto.

¿Hubo oposición?

Nunca en mi experiencia ha habido una oposición abierta en los congresos o en las dirigencias, en las comisiones políticas o los comités ejecutivos nacionales, a nivel nacional; lo que ha habido, pero no abiertamente, era oposiciones más en los territorios, pero siempre tuvimos compañeros que tenían la capacidad de darse cuenta de que había que articular luchas y de que estábamos en la misma causa, son los que han enfrentado a los que hasta ahora pueden resistir propuestas como la paridad, más aun entender la lucha LGTBI, no como una propuesta política componente de un proyecto del país, sino como una demanda de un sector históricamente discriminado. Para participar en el PS tenías que estar en el padrón y juramentar, entonces tomamos la decisión de hacerlo porque iba a ser un hito en la historia del PS y de la izquierda, y que se registre y se recuerde que hubo un día en que doce lesbianas fueron a hacerlo.

¿Cómo fue la juramentación?

Ese día llegamos al local del PS, estábamos sentadas en distintos lugares porque llegamos a distintas horas, y cuando nos llamaron juramos en bloque como lesbianas afirmando nuestra identidad y luego regresamos a nuestros asientos y la gente que estaba a nuestros lados se había cambiado de lugar, no querían estar sentadas al lado de una lesbiana porque seguro iban a pensar que eran lesbianas, ese es un tipo de violencia que es bien difícil de denunciar y de probar, porque en general no es una violencia que se verbaliza, es una violencia más corporal, donde el trato no es amable o es hasta hostil, es esa violencia más de que te miren, de las miradas de reojo de desprecio o de odio, son personas que se sienten incómodas de que estés ahí y de que puedas tener tantos derechos como los otros, más aun si pretendes tener un cargo, porque lo de Susel como secretaria general del PS fue complicado, y de hecho también para las elecciones el que pudiera ella tener alguna posibilidad de ser una candidata al Congreso. Pero digamos que la dirigencia nacional era más asequible, estaba más convencida de que la igualdad es la igualdad y la justicia es la justicia.

¿Cómo eran los debates?

Había esos momentos, esos debates sobre la jerarquía de las contradicciones, que la cuestión de la clase era primordial y una vez que se consiguiera una economía distinta, un Estado distinto, se iban a solucionar otros problemas. Y paralelamente a ese tipo de estrategias de visibilidad e incidencia en las agendas de un partido de izquierda para de ahí irradiar a las izquierdas, me di cuenta que inclusive en los espacios feministas había mucho que trabajar por la visibilidad porque participé de un evento por los 30 años de Unifem, lo que es ONU Mujeres ahora, y era de avances de los derechos de las mujeres en políticas públicas, marco jurídico, sociales culturales, y recuerdo que así como ahora nos molesta que haya todavía eventos donde no hay ninguna mujer, en ese momento tampoco estaba representada la diversidad de mujeres, menos las mujeres lesbianas, no es que no hubiera bisexuales de pronto sentadas en esos paneles, pero en todo lo que se dijo no aparecían, y a mí en ese momento me molestó mucho porque pensaba que era un error político hablar de patriarcado y no hablar de heteronormatividad, como si solamente fuera una lucha contra el machismo hacia mujeres heterosexuales, que sí se podía hablar de mujeres indígenas, mujeres de zonas rurales, pero no necesariamente de mujeres lesbianas, y ahora podría decir de mujeres afroperuanas. Entiendo ahora que es todo un proceso y que felizmente eso ha mejorado, pero en ese momento no. Así como las mujeres habíamos criticado el androcentrismo, que el derecho o las políticas colocaran a las mujeres como un capitulo, como un artículo de algo, igual cuando se hablaba de las personas históricamente discriminadas, era eso, nombrarnos, pero no poner al centro el problema del patriarcado, que el patriarcado como problema era la heterosexualidad obligatoria, porque tú le puedes preguntar y te dirán «las feministas siempre hemos trabajado con las lesbianas codo a codo», «han habido lesbianas en el movimiento, no se les ha discriminado», «qué afán de victimizarse», pero lo cierto es que así como en Estados Unidos hubo esta rebelión de las lesbianas en algún momento del movimiento feminista para que se hablara, y también de las afroestadounidenses y de las mujeres latinas migrantes, acá también empezamos a hablar de ello y no necesariamente para pelearse, para romper, era para generar conciencia de que no se estaba pensando desde ahí, no se estaba pensando el proyecto cuestionando eso como uno de sus pilares.

Háblame sobre el manifiesto «Insurgencia sexual».

El manifiesto es un llamado a no solo quedarse en el reconocimiento de la norma legal o el derecho o la política pública, sino un llamado al cambio cultural, y la insurgencia sexual es el derecho a la insurgencia, un derecho constitucional que fue reconocido en la Constitución del 79 y rebajado por la Constitución del 93, porque en la del 79 era que un pueblo se puede rebelar ante un gobierno que vulnera tus derechos de una manera más amplia, en el 93 ya tenía que ser un gobierno con determinadas características, una dictadura militar, por ejemplo, entonces empecé a pensar cómo había una dictadura para las personas LGTBIQ, por qué se nos impone desde el Estado el clóset forzado y no hay reconocimiento alguno de nuestra existencia y nuestros derechos jurídicamente, pero no es que no solo no existe, sino que se permite que otros puedan vulnerar nuestros derechos y no pasa nada.

Era un llamado al propio movimiento, no era un llamado tanto al Estado, no era una lista de demandas al Estado de si quiero derecho a la identidad de género, al matrimonio igualitario o al cupo trans, no estaba pensado así, estaba pensado a generar una rebelión, pero una rebelión que pudiera articular agendas, y una de las máximas de ese manifiesto es «tu lucha es mi lucha» y «mi lucha es tu lucha», era la necesidad de pelear junto con otras sus reivindicaciones con las trabajadoras del hogar, con las mujeres campesinas, con las mujeres indígenas por la defensa del medio ambiente, por los territorios, por el agua, por los derechos laborales, pero a la vez que esa pelea por todos esos derechos también tuviera un correlato de una pelea de ellas por nuestros derechos como lesbianas y esa era una de las cosas que intentó ese manifiesto de manera muy primaria, muy básica, y entonces empezamos a circularlo porque el 2005 además se realizó el único encuentro nacional LGTBI en ese encuentro es que se funda el LIFS, Lesbianas Independientes Feministas Socialistas.

El LIFS se funda con las lesbianas que fuimos ahí y que no teníamos un colectivo, en ese momento estaba el MHOL ULB, las Mujeres Diversas, Lesbia, no estoy segura si Trece Brujas, el GALF creo que estaba todavía. Entonces el LIFS se forma con las mujeres que habíamos sido invitadas, pero que no teníamos una agrupación y que teníamos dos características: no teníamos grupo y éramos socialistas. Entonces yo en ese momento no conocía el movimiento por dentro y no sabía de las disputas, entre los grupos entre los liderazgos y al final decidimos formar un grupo, y un grupo que no necesariamente reemplazara a los otros grupos en el quehacer que ya venían haciendo y bien, no pensábamos competir con los talleres de los lunes del MHOL, eso también fue materia de debate después, al comienzo era un grupo que, sin querer convertirse en un grupo académico, pensara, reflexionara y generara un pensamiento lésbico feminista peruano, era un grupo para pensar.

¿De qué iba el GALF?

Del GALF (Grupo de Autoconciencia Lésbico Feminista) recuerdo que la pelea era en el campo de la cultura, de la generación de imaginarios, de sentidos, a través del uso del arte, hicieron cosas simpáticas, poesía, llegar desde otro lado a la sensibilidad de la gente, hicieron una intervención en el Centro Cultural de España y me acuerdo que había muchas lesbianas poetas, escritoras, artistas plásticas, jóvenes, y me acuerdo que ellas decía cuestionaban mucho tal vez el hecho de estar luchando por una ley en el congreso, porque eso no tenía un correlato social y cultural, eso lo ponía el GALF.

¿Qué hacían las LIFS?

Hacíamos muchas cosas como juego, todas nos contagiamos esta idea de insurgencia sexual, y entonces decíamos «bueno, vamos a empezar por nosotras» y era reconocer nuestros cuerpos y mostrarlos, para los cumpleaños nos permitíamos hacer juegos. Me acuerdo que las lifas acordaron saludarse con besos en la boca, y yo, que tanto provocaba eso, no quise. Adaptábamos canciones, tonadas de las iglesias, Esther Rodríguez era muy ingeniosa, y siempre traía las canciones y las más populares las cambiábamos. Hay una que es «ven con nosotras a caminar, ven lesbiana, ven», pero la que más pegó fue «que el placer esté contigo, que el placer esté contigo, que el placer esté contigo, que con nosotras, siempre, siempre está el placer», que era de una que decía «que la paz esté contigo». Y decidimos que ese iba a ser el canto de las lesbianas para celebrar nuestros cumpleaños. En esa época empezamos a ir a los partidos, porque decíamos «a qué lesbianas vamos a llegar, cómo hacemos para llegar a ellas». Nos preocupaba cómo llegar a esas lesbianas que no estaban interesadas en el feminismo o los derechos, una opción eran las discotecas, pero decidimos ir a los campeonatos.

Fuimos, pusimos nuestra carpita, hicimos encuestas sobre salud sexual y reproductiva, ahí nos enfrentamos a los estereotipos de activa, pasiva, la falta de identificación, la negación, y también empezamos a descubrir la violencia, porque todo era bacán hasta las 6, 7 de la noche, luego del juego venía la orquesta y se consumía un montón de alcohol, y de ahí venía la violencia por los celos, por el machismo. Fue un reto, no sabíamos cuál era la estrategia a usar. La primera Rebeldía Lésbica fue en 2007, fuimos a 28 de julio y nos paramos ahí con la batucada y a repartir folletos, la consigna no era que fuera masivo, sino ser visibles porque en la Marcha del Orgullo aún varias lesbianas iban con máscaras.

*Entrevista publicada en el número 8 de la revista Crónicas de la Diversidad del mes de julio del 2019.

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