FREPAP y las políticas públicas basadas en evidencia

por Adrián Núñez, director ejecutivo de la SSH 

En el momento en que redacto este texto, la ONPE ha procesado el 99,6% de las actas y el FREPAP ha obtenido el segundo lugar, con 8,26%, que es poco más de 1 080 000 votos. No existen cifras exactas sobre la cantidad de integrantes de la Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal (AEMINPU), pero el estimado ha estado en los últimos años entre 200 000 (Ossio, 2000) y 80 000 (De la Torre, 2013). Se puede decir, entonces, que si fueran unos 100 000, de ellos unos 77 000 estaría habilitados para votar, y por lo tanto, un millón de peruanos votaron por ellos sin ser parte de su agrupación religiosa. 

Parece poco probable que estos votantes hayan basado su decisión en una lectura fría de su programa de gobierno –que en partes suena bien–  y a la vez, que conociéndola, no les parezca relevante la posición ideológica de los israelitas. Más probable parece que en general hayan votado por familiaridad con el logotipo, porque los han visto en sus caravanas, y algunos simplemente por no votar por los demás. Lo que se puede decir con certeza es que estas personas en general no son conscientes de los peligros de la teocracia y el mesianismo, ni de la necesidad de que el manejo del Estado esté separado de las religiones, y de que las políticas públicas se basen en evidencia y no en alguna fe ni en supuestas revelaciones divinas. 

FREPAP se define en su estatuto como un partido teocrático y nacionalista (entre otras características). La teocracia es un sistema totalitario (contrario a la democracia) en el que se toman las decisiones con base en supersticiones y pensamiento mágico en lugar de evidencias. En una teocracia, la religión toma el poder a través de sus líderes y no permite que el pueblo elija plenamente a sus gobernantes. A veces se permite la elección de parte de sus gobernantes, pero nunca del líder supremo ni de otros cargos de confianza (como es el caso de Irán). En este sentido, FREPAP es un partido no democrático que usa a la democracia para llegar al poder (aunque en su estatuto mencionen que tienen vocación democrática). FREPAP menciona específicamente en su ideario que se dice teocrático “porque llama a los hombres a la observancia de la Ley Divina”. 

En este punto podría pensarse que la palabra “teocrático” está ahí sólo como un término vacío. Pero su historia dice algo distinto. Se trata de un grupo religioso milenarista, cuyas profecías del fin del mundo han ido retrasándose cada vez que era evidente que no se cumplían; cuyo líder iba a revivir tres días después de su muerte; cuyos preceptos se basan en el Levítico; cuya costumbre es interpretar todo en lugar de observar los hechos como se presentan (en esta forma interpretativa de ver el mundo, todo tiene un sentido, y este sentido se acomoda a las creencias preestablecidas que ofrece la fe religiosa, y nunca al revés). 

Comúnmente se cree que los miembros de este culto son personas de bien porque, se dice, no toman alcohol, no mienten y siguen unos preceptos rígidos. Pero un momento de reflexión nos muestra que esto no tiene por qué ser así, sobre todo a la luz de ciertas incongruencias. Por ejemplo, su líder fundador, Ezequiel Ataucusi Gamonal, fue acusado de múltiples violaciones por Natividad Puchuri cuando ella era menor de edad, y para esto la llevaba a hostales y la hacía pasar por su hija, como lo cuenta en Caretas en https://caretas.pe/politica/los-juicios-finales/. Producto de estos actos quedó encinta a los 16 años y nació su hija Raquel. Desde afuera cualquiera diría que una persona que haya hecho esto no debería ser digna de veneración. Pero claramente una moral impregnada por ideas mesiánicas es capaz de permitir esto, encontrar racionalizaciones –es decir, contorsiones mentales para justificar creencias–  o evadir la realidad. Estoy seguro de que hay muchos de ellos que son personas de bien (y quizás lo sean a pesar de su religión y no gracias a esta), pero en última instancia, las decisiones morales relevantes deben tomarse con base en la razón, o al menos deben soportar un análisis racional. 

Elegir legisladores cuyo perfil no está ligado al uso de la evidencia para generar políticas públicas es tremendamente dañino en nuestro país. Nuestras universidades raramente ofrecen información relevante que permita a los responsables políticos basarse en nuestra realidad, en parte por falta de recursos, pero también porque las investigaciones rara vez son insumo para los legisladores. Uno de los problemas urgentes que tenemos que resolver es lograr la relación entre políticas y evidencia. Notamos, de manera incipiente, que nuestras políticas no funcionan bien, pero no podemos salir todavía de esta realidad porque seguimos escogiendo legisladores con una visión ideologizada, religiosa, mesiánica, y atávica, si es que tienen alguna visión. 

Las políticas públicas basadas en evidencia se toman porque funcionan aunque no nos gusten, aunque vayan contra nuestra intuición y aunque contradigan nuestras creencias. ¿No es el perfil que buscamos para un legislador el de quien es capaz de dejar de lado sus creencias, de cambiar de opinión ante la evidencia en contra (y no ante ofrecimientos) en lugar de ofrecer racionalizaciones y justificaciones? Pues estamos escogiendo –y no me refiero aquí solamente a estas elecciones ni al FREPAP– personas que de acuerdo a sus creencias religiosas, a un líder mesiánico, a fanatismos políticos y creencias pseudocientíficas o conspirativas, tienen posturas homofóbicas, racistas, antiderechos, divorciadas de la evidencia científica e inamovibles. 

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