Crónica de visita al Festival de Cine de Guadalajara*

FICG 30

*Por Julio Lossio. Publicado en la web antigua de Crónicas de la Diversidad en marzo del 2015


Llegué a México el sábado. Lo primero que hicieron Antonio y Victor Hugo (en cuyo depa me quedé una noche y a donde regresaré después de Guadalajara) con el guapo amigo Chris, fue llevarme a conocer la Zona Rosa, un atractivo turístico imperdible para todo limeño gay reprimido, como lo somos todos en nuestra comarca virreinal comparados con los cabrones tan envidiablemente más libres de por acá: varias cuadras donde se mezclan los bares gays (a puerta abierta) con lugares gayfriendlys: restaurantes, hoteles y librería. No hay algo así en Lima, nuestros negocios diversos funcionan a puerta cerrada y, además, separados unos de otros dando la sensación de estar escondidos, ocultos, temerosos. El barrio por Hamburgo con Amberes, en cambio, es una fiesta.

Pero vine en esta fecha (primera vez que vengo a México y, por cómo me estoy sintiendo, ya sé que volveré) porque quería ir al Festival Internacional de Cine de Guadalajara, uno de los cuatro festivales de cine más importantes de Latinoamérica, junto con el Festival de Mar del Plata, el Festival de Cartagena y el Bafici. Pero lo que me atre tanto en este festival mexicano es que es el único que entrega un premio LGTBIQ, el Premio Maguey.

Salí para Guadalajara en bus el domingo a las 12 de la noche y llegué al día siguiente a las 7 am. Viajé de noche así que no pude ver mucho del paisaje (lo que vi de la carretera es que está como si la hubieran inaugurado ayer, sin parches, bien pintada y señalizada, y con restaurantes Papa Johns cada ciertos tramos, un lujo). Según el GPS de mi celu pasamos a la orilla de una enorme laguna que espero ver a mi regreso cuando haga el viaje de día.

Tuve la suerte que mi compañera de bus (sentada detrás mío porque vine en el asiento número uno, individual) iba a un hotel cerca de la Expo, sede del Festival, así que compartimos el taxi (70 pesos cada uno, que son como 14 soles). No compartimos el hotel porque ella se iba a uno cuatro estrellas de a 800 pesos. Un taxista súper amable, que en el camino nos fue contando historias de horror sobre corrupciones y lavados de dinero, me llevó a otro más humilde (470 pesos, 94 soles) pero decente. Luego vi que había varios que asistían al festival hospedados ahí también.

Solo dejé mi mochila en el hotel y salí raudo para no perderme la Mesa de Diálogo con algunos de los directores candidatos al Maguey.

De izquierda a derecha: Pável Cortés director de los Premios Maguey, Fernando Urdapilleta de Estrellas Solitarias (México), moderador Florian Weghorn (programador de la Berlinale), Sebastiano Riso de «Más oscuro que la medianoche» (Italia), Mauricio Lòpez Fernández de «La Visita» (Chile)
Luizo Vega de «The Material Boy» (Francia), Claudia Lorenz de «What’s between us» (Suiza) y Justin Kelly de «I am Michael» (EEUU)

La Mesa de Diálogo estuvo espectacular. Como pueden ver en las fotos, estaban presentes los directores de “Estrellas solitarias” (México), “Más oscuro que la medianoche” (de Italia, que estuvo en el Festival de Lima), “La Visita” (Chile), “The Material Boy” (película registrada como de Francia pero el director es argentino nacido en EEUU), “Unter der haut” (algo así como “Lo que hay entre nosotros” de Suiza) y “I am Michael” (EEUU).

La mesa tenía como tema general las “dualidades” y la discusión se centró en temas como si existe un cine queer y de las dificultades para su existencia. El rollo más fuerte fue del mexicano de Estrellas Solitarias explicando que una de sus intenciones fue descubrir la alianza entre miembros de la iglesia y la homofobia. En general estaba presente el espíritu reivindicativo de una cultura underground que pretende hacerse paso en el mainstream, sea usando sus referencias (Madonna en The Material Boy) o algunas de sus jóvenes estrellas (en I am Michael, primera película de Justin Kelly, aparecen James Franco y Zachary Quinto). Ante una pregunta maliciosa del público sobre si el cine gay está de moda y es un seguro de éxito en la taquilla, el director de “Más oscuro…” recordó que películas que nos hacen pensar eso, como Brokeback Mountain, las películas de Almodóvar o El Código Enigma, son solo pocos casos de éxito que más bien demuestran lo contrario: lo difícil que es hacer películas gays pues estas tienen que ser muy buenas para que consigan ser atendidas. Claudia Lorenz destacó el hecho que su presencia como la única mujer y lesbiana en la mesa era una muestra de lo difícil que podía ser aún para un sector de la población poder destacar.

La semana está empezando y hay una buena lista de películas por ver.

Hoy martes en la mañana quiero estar en la proyección y rueda de prensa de Estrellas Solitarias, en la tarde es el estreno para Latinoamérica de Sebastian, la película peruana con temática gay, y en la noche quiero ver Made in Bangkok, el documental mexicano sobre Morgana, soprano trans (antes contratenor) que describe su vida como cantante de cabaret y su viaje a Tailandia, sin dinero, para operarse. Ya les iré contando.

Estrellas Solitarias

Cuando en el Oscar de 1992 “The Silence of the Lambs” tuvo 7 nominaciones (ganaría 5) activistas norteamericanos protestaron por la imagen que esta película presentaba de la población LGTB (el asesino en serie resultaba siendo un gay desequilibrado que extraía la epidermis de sus víctimas para confeccionarse un vestido).

Pensaba en esto mientras veía “Estrellas Solitarias” ópera prima del mexicano Fernando Urdapilleta en la que el trans protagonista muestra envidia, egoísmo y llega al asesinato cruel para beneplácito del público que lo aplaude al final.

El mundo retratado por Urdapilleta es como una pesadilla sicodélica, de colores brillantes y música punk a todo volumen. Una irrealidad sutil que me parecía por momentos “Made in Usa” ¿recuerdan? Ese retrato cruel maravilloso hecho por Claudia Llosa de una comunidad imaginada donde un padre de familia abusa de sus hijas y en la que semana santa es una fiesta pagana en donde cualquier pecado se puede realizar, porque Cristo está muerto pues y no te va a ver.

Como Made in Usa, Urdapilleta presenta una realidad perversa y desfigurada por las exageraciones de la maldad de ambos lados. En ese sentido, no hay maniqueísmo en ella de parte de los buenos (las buenas): El travesti fraterno está dispuesto a vender drogas en las escuelas en cuanto le falta dinero y la amiga solidaria, a asesinar.

El malo es un malo de caricatura, a lo Pierre Nodoyuna y, si no fuera por su presencia que nos despabila, cometeríamos el error de pensar que es una película realista cuando la verdad es que es una parodia extrema de lo peor de la vida, con sus peleas, culebrones, venganzas, zancadillas y cálculos viles.

Me sorprende, en ese sentido, el exceso sin contemplaciones en el cine mexicano (Julián Hernández me viene también a la cabeza) cuando acá andamos preocupándonos por la imagen nuestra en la pantalla (chica y grande). Creo que hay un paso que ellos han dado que veo reiteradamente que nos cuesta mucho dar por estos lares: la defensa de nuestros derechos no tiene que ver con portarnos bonito y salir guapos y bien peinados (aunque, debo decirlo, no podemos y quizá no debemos, evitar que algunos quieran tomar como ejemplo a los activistas contra El Silencio de los Corderos, que sigan su camino sin molestar a los demás).

La película tiene momentos chirriantes en su surrealismo, no lo niego: El hacer una fiesta del funeral, la golpiza al policía, y el cura echándole agua bendita al niño mientras el padre homofóbico lo ata a un árbol para que se lo coman los coyotes, entre otros, producen cierta risita nerviosa en el público que hasta el final no sabe si es ultrarealismo trans o si le están tomando el pelo. Al final, sin embargo, queda la sensación de haber visto una gran película. ¿Existen recetas para hacer una película de culto? No que yo sepa, pero diría que esta tiene todos los ingredientes, sus altibajos incluidos.

Sebastián

“Sebastián” es dirigida, co-escrita y co-producida por Carlos Ciurlizza quien, según IMDB.com, ha tenido los siguientes logros antes de lanzarse a filmar su primer largo:

  • Su guión “The Arch” fue finalista de un concurso de guiones el 2012 en el Festival de Películas de Beverly Hills
  • El corto que co-dirigió, co-escribió y co-produjo, “Ready to talk”, ganó el premio al mejor corto internacional en el Festival de Palencia, España, el 2012.
  • “Ready to talk” fue seleccionada y se presentó en el Rincón del Corto de Cannes, el 2012.
  • Su guión “Breathe” basado en el corto “Ready to talk” fue semifinalista del laboratorio de escritores de Sundance el 2013.
  • Su guión “Take me with you” fue semifinalista del laboratorio de escritores de Sundance el 2012.

“Sebastián” tiene 7 nominaciones en el Festival de Cine Internacional de Guadalajara, que termina este domingo 15, en la categoría de Pelìculas Iberoamericanas de Ficción: Mejor Película, Mejor Director (Carlos Ciurlizza), Mejor ópera prima, Mejor Actor (Carlos Ciurlizza), Mejor Actriz (Myriam Reategui), Mejor Guión (Carlos Ciurlizza) y Mejor Cinematografía (Carmen Rosa Vargas).

La película se filmó en Ferreñafe, Lambayeque, lugar tradicional (resaltado al extremo en el naturalismo casi chocante de la fotografía de exteriores y en las vestimentas, especialmente de las tres figuras fantasmales completamente de negro, sobre las que luego hablaremos), como opuesto a Los Ángeles, California, de donde viaja Sebastián que regresa a ver a su madre enferma.

El hecho es que Sebastián es un antihéroe gay, cosa poco frecuente en el cine que trata la temática LGTBIQ donde, o eres un sanote defensor de la causa, o eres un villano gay o una víctima o un hedonista nihilista.

Puesto que desde la info de la película sabemos que Sebastián es gay y casado con Josh, nos deja boquiabiertos, nada más empezando, ver al que esperábamos sea nuestro héroe, se mande con un beso y más con su ex novia. Y al final… (no lo contaré).

Como buen antihéroe, sin embargo, se compra el pleito (cuando ya no le queda otra) y termina enfrentándose a los monstruos conservadores. Y aquí es donde debemos referirnos a esa creación de ánimas oscuras que viajan como volando de una escena a otra y que, como en el antiguo teatro griego, aparecen en cualquier momento para reiterarnos (una práctica que gusta poco en la modernidad de espectadores que prefieren no se les recalque la acción que ven transcurrir) que el alejarse de los dioses y de las tradiciones llevarán a la tragedia.

Un símbolo reconocible del universo gay, también poco retratado en este tipo de filmografía y que lamentablemente se desarrolla poco en la película, es la de la madre pasiva agresiva, un amoroso mounstrito posesivo. Alcaldesa del pueblo, postrada en el hospital, atacada por la cizaña de las 3 aparecidas cuchicheantes, víctima al fin, no puedes dejar de sentir simpatía hacia ella… hasta que se desenmascara su lado miserable y manipulador. Escena genial esta (y punto de quiebre en la película) en la que aquello que te has obligado a querer tanto se levanta contra ti y esparce su veneno.

El giro inesperado del final (arriesgado cuando la película, hasta ese momento, se nos había mostrado claramente militante por la causa a favor de una opción no heteronormativa) reconvierte a la madre y apela al antiheroísmo del personaje.

“Sebastián” es una película que merece ser vista, su guión, osado, tiene simas producto de su ánimo aleccionador pero también cimas con buenas altitudes que la hacen muy rica.

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