Insumisas. Entrevista a su editora Johanna F. Casafranca*

¿Cómo nace la idea del libro?

La idea de hacer el libro nace una tarde, tras leer el poema de una poeta joven en las redes sociales. Me pareció maravilloso y me pregunté: ¿dónde están estas escritoras? ¿Por qué nadie las está publicando? Empecé a hurgar en la web, le pregunté a la IA: “¿Quién es la poeta lesbiana más importante del Perú?” y me respondió: Rocío Silva Santiesteban. Me reí. Conozco a Rocío y sé que no es lesbiana. A partir de ese intercambio con la IA comprendí que publicarnos ya no era un capricho: era una urgencia. Le dije a Gladd, mi cómplice en estas aventuras editoriales: “Bebita, tenemos que publicar una antología contemporánea de poesía de lesbianas. No es posible que la IA no sepa nada de nosotras”.

En ese momento fuimos poseídas por el espíritu de Safo. Dejamos todo de lado y nos pusimos a trabajar en la convocatoria. El nombre, los colores y la banda sonora fluyeron de manera muy orgánica. Esa misma noche publicamos la convocatoria en nuestras redes sociales. La poeta joven que leí esa tarde fue la primera que nos escribió: Erika Tirado. Posteriormente se convirtió en una gran aliada en el proceso de edición del libro y de la presentación de Insumisas en Lima.

¿Por qué se deciden a llamarlo “sáfico” y no “lésbico”?

Decidimos llamar al libro Insumisas: antología de poesía sáfica peruana contemporánea porque lo sáfico abarca el espectro completo del amor y el deseo entre mujeres, más allá de la identidad lésbica. También consideramos que la palabra “sáfica” reivindica a la ancestra: Safo, y nos emancipa del gentilicio de Lesbos, una isla del Mediterráneo demasiado alejada de la realidad que habitamos como mujeres y disidencias del género, homosexuales, marronas, sudacas. Cuerpos absolutamente desfasados del ideal del canon griego.

También creo que reivindicar el nombre de la primera mujer que dejó registro del deseo homoerótico —la primera insumisa del verso— abre una puerta por donde se deslizan nuevas preguntas: ¿quiénes fueron las primeras ancestras que amaron a otras mujeres en este lado del mundo? No tenemos un poema, un textil o un relato popular que hable de nosotras, pero la ausencia de evidencia no determina que no hayamos existido. Ya sabemos que la colonización fue especialmente meticulosa en la misión de borrar la historia de las mujeres: nuestra magia, nuestro poder y ni hablar de nuestro deseo.

¿Cómo fue la respuesta a la convocatoria?

Debo confesar que al principio sentimos temor de no ser vistas. No podemos olvidar que somos una pequeña editorial artesanal y regional, pero sorpresivamente la respuesta fue masiva. Recibimos correos todos los días, especialmente de escritoras jóvenes que nunca antes habían publicado. Fue una etapa muy emocionante. Recepcionamos alrededor de 70 postulaciones entre poesía y gráfica.

En paralelo, enviamos algunas invitaciones a autoras y artistas que deseábamos que fueran parte del libro. A Violeta Barrientos, por ejemplo, le enviamos una carta y varias palomas mensajeras. Nos costó llamar su atención, pero en cuanto se enteró de que existíamos se convirtió en una gran aliada. Después de la anécdota con Rocío y la IA, ella también se volvió cómplice del proceso y nos sugirió algunos nombres para la antología.

¿Cómo fue el proceso de selección?

Para mí, el esquema estaba claro desde un inicio: el libro debía ser un diálogo entre escritoras “consagradas” y otras noveles. Sin considerar la trayectoria académica, el libro sería un puente para acercar a autoras periféricas de distintas generaciones y dar visibilidad a escritoras y artistas de provincia.

Invitamos a “lonchecitos poéticos lesbianos” a una amiga artista que vive en el pueblo. Devoramos poesía durante esos dos encuentros, calificando las obras por su valor estético, temática y diversidad territorial. Fueron sesiones muy entretenidas donde empezamos a intuir que este libro sería algo grande, un punto de partida para la creación de una genealogía de autoras sáficas a nivel nacional.

¿Por qué deciden invitar también a artistas visuales?

Gladd y yo somos socias desde hace más de tres años. Nos conocimos en una feria de publicaciones y artes gráficas vendiendo nuestros poemas e ilustraciones. Es decir, nuestra obra siempre ha estado vinculada a lo escrito y lo visual. Ella es diseñadora gráfica y yo soy pintora de Bellas Artes. Para nosotras, la obra crece cuando dialoga entre lo escrito y lo visual. Incorporar ilustraciones, viñetas y pintura tradicional ha aportado diversidad a la antología.

¿Cómo fue el proceso de producción del libro?

Esta fue la etapa más retadora. La Nueva Equitativa es un taller de impresión digital en medio del Valle Sagrado y cuando nos pusimos de meta imprimir 300 ejemplares, no dimensionamos el volumen de materiales que tocaba trasladar para llevar a cabo esta hazaña. Cargamos grandes cantidades de papel desde Cusco hasta Calca, en colectivos y mototaxis, y en el camino fallaron varias cosas.

Como nos gustan los procesos manufacturados, decidimos que las portadas de este primer tiraje fueran serigrafiadas, pero la estampa artesanal no siempre sale bien a la primera. Tuvimos que hacer varias pruebas hasta que por fin logramos el resultado esperado. Además, perdimos mucho material tras un problema de corte de los interiores y, en pleno proceso de impresión, se malogró la Bebita (nuestra impresora), por lo que tuvimos que retirar y reimprimir muchas páginas del libro. Al final tuvimos que encuadernar una parte de la producción en Lima. Fue muy agotador. Pero así llevamos ya tres años, aprendiendo el oficio de la imprenta a prueba y error.

¿Qué papel cumplió cada persona del equipo hasta el día de la presentación?

Con el tiempo se van perfilando más nuestras funciones, pero nuestra colectiva editorial es pequeña, así que nos toca hacer un poco de todo. Yo me encargo de dirigir, administrar, diseñar proyectos, la edición y las comunicaciones. Gladd es la encargada del diseño gráfico y la producción audiovisual junto a Lila, una compañera de Chiclayo que edita nuestros videos. Nuestro compañero Cristóbal se ocupa de la producción de los libros en el taller.

En el caso de Insumisas, mi función ha sido imaginar el libro, la comunicación con las autoras, la edición de los poemas, escribir el prólogo y la diagramación. Gladd fue la encargada de crear los diseños para la convocatoria, el arte de la portada y los materiales gráficos. Cris y dos asistentes, Nur y Daiam, fueron responsables de la producción en taller. Ya cerca de la fecha de la presentación en Lima, Erika fue quien nos ayudó a organizar el recital con las autoras, y Vero Ferrari nos apoyó con la logística desde el momento en que llegamos con nuestras cajas de libros a Lima.

¿Por qué eligieron a Violeta Barrientos y Vero Ferrari para presentar el libro?

Violeta y Vero son dos de las escritoras lesbianas “consagradas” en la literatura y el activismo lesbofeminista del país. Junto a Erika, se completaba el abanico generacional que nos permitía reflejar la pluralidad del libro. De hecho, postergamos una semana la fecha de la presentación en Lima para contar con la presencia de Violeta.

¿Qué tal salió la presentación? ¿Esperaban esa respuesta?

La presentación fue un hito en la historia de las lesbianas del Perú. Nunca imaginamos tal acogida. Pero como dijo Vero esa noche: “las lesbianas salieron de debajo de las piedras”. Fue una velada hermosa y memorable. Encendió una luz de esperanza en medio de la penumbra que envuelve a nuestro país por culpa de políticos conservadores, carcas y reaccionarios, que se ensañan contra nuestra comunidad recortando nuestros derechos fundamentales. El 6 de mayo fuimos muchas las que salimos y dijimos: aquí estamos, existimos y nuestras identidades merecen respeto.

¿En dónde pueden encontrar el libro en venta?

En este momento tenemos cuatro puntos de venta en Lima. Está en el Archivo Lésbico del Perú (Centro de Lima), y en las librerías Placeres Compulsivos (Barranco), Una Tribu Librería (Miraflores) y Librería Sur (San Isidro). En Cusco, lo pueden encontrar en Matu Café (Magisterio) y en nuestra casa cultural El Nidx.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Por ahora estamos concentradas en la promoción de Insumisas, pero hemos observado un gran interés en publicar por parte de escritoras jóvenes, y vamos a sacar un laboratorio virtual de edición y autopublicación. También nos interesa el intercambio creativo, así que la casa El Nidx está transformándose en una residencia artística para escritores y artistas visuales LGTBIQ+ que deseen desarrollar propuestas inmersivas en el Valle Sagrado. En cuanto a proyectos editoriales, estamos acompañando a tres autoras locales en la publicación de cuentos infantiles. No descartamos un Insumisas II de narradoras peruanas, y, por qué no, Insumisas III con autoras de toda Abya Yala.


*Johanna F. Casafranca (Lima, 1987) es poeta, gestora cultural comunitaria y activista lesbofeminista. Su trabajo artístico y editorial explora las intersecciones entre género, territorio, decolonialidad y memoria ancestral. Fundadora de la editorial experimental Amaru Cartonera (2013) y directora de La Nueva Equitativa, primer estudio de arte e imprenta feminista del sur del Perú. Vive en Cusco desde hace una década donde dirige El nidx, casa cultural transfeminista ubicada en el Valle Sagrado. En narrativa ha publicado los libros de relatos Los misterios detrás del carnaval de San Pablo (2023) y Allin Kawsay: el arte de vivir en armonía (2021). En poesía destacan los libros objeto Decreto ley (2022) y Poesía que gira (2017). Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías nacionales e internacionales. En 2026 edita Insumisas: antología de poesía sáfica peruana contemporánea, la primera antología que reúne a más de cuarenta poetas peruanas en diálogo sobre el amor entre mujeres, y cuyo prólogo ha sido señalado por la crítica como un manifiesto fundacional para la genealogía de escrituras sáficas en el país. Su obra visual, comprometida con la lucha social, ha sido reconocida en el ámbito de las artes visuales y acompaña diversas publicaciones feministas. En 2024, su pintura “Una luz de esperanza hacia el futuro”, de la serie Warmi Pachakuti, fue censurada en la feria de arte tradicional Santurantikuy.

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