Memorias de una marica mutante peruana para una mariquita linda internacional

Por Benito Mere Rivera / Infección Escandalosa
Activista, gestor cultural y fundador del Archivo de la Memoria Marica de Perú

“Las locas pobres no tenemos closet, po’ niña”
Pedro Lemebel

Pedro, mariquita linda. Te escribo esta memoria de madrugada en el Callao peruano. Esta Latinoamérica que es cada vez más de mierda, cada vez más fascista. Estoy borracha y triste. Ahora ando pensando en tu muerte y quién eres tú para mí. Se me han ido muchas locas en estos días para llegar a este vómito en forma de escrito. Se nos acaba de ir la loca poderosa, la Johan Mijail, una más de las que nos auto nombramos tus yeguas. Tus compañeras de militancia para seguir con la misión de infectar el mundo con un cielo rojo que nos dé la posibilidad de volar con la alita rota.

Estoy removida. Loca y caótica como siempre. Pero también agradecida, maricona. Agradecida con nuestra prima, la Che, la Víctor Hugo Robles, por permitirme la posibilidad y el honor de devenir -en una más- de tus viudas odiosas. Corona de “Miss Perú Sodomita” que llevaré con orgullo y mucho respeto en tu honor. Premio que se gana a pulso por ser – siempre, para muchas – la más odiosa y poner el culo, compañera, así les joda. Que les siga jodiendo nuestra vocecita amariconada.

Conocí a tu hermosa y loca amiga/cómplice en la presentación del libro “Las viudas odiosas de la Lemebel” que me encargué de organizar en Lima. Para mí ese evento fue todo un suceso increíble que guardo con mucha ternura en mis sentipensares. Te conocí de otras formas, con otras voces, diversas memorias. Me hiciste más tuya.

Te cuento que la primera vez que llegaste a mí con tu pluma bella y malcriada -contestataria- fue a través de un regalo de mi amiga la loca Ricardo Baruch, la mexicana, que me dejó “Loco afán: crónicas de sidario” una mañana antes de tomar su avión de retorno a su país.

Cuando te leí me vi en ti y me volví más loca de lo que ya era. Me volviste una voz de loca mutante. Una voz y una pluma atrevida. Me convertiste en una marica escandalosa con posibilidad de contar sus vivencias pobres y marginales. No higiénicas. No legales. No ordenadas. Las vivencias que no le importan a nadie y que tú -conchuda- llegaste y me dijiste: Loca, habla, cuéntalo todo, grítalo.

Hoy, escribo como ejercicio de memoria política e histórica. Escribo sobre ti y de lo que nos enseñaste a muchas mariconas, traspasando territorios y transformando mentes/cuerpos. Me enseñaste el valor y el significado de escribir las memorias, las nuestras, de las más marginales y cochinas. Las no blancas. Las menos deseadas. Me enseñaste la responsabilidad de hacer algo con las/nuestras memorias y sentires. Para que no se olviden, para que cobren vida, para que perduren en el tiempo y el espacio.

Te cuento que por estos lares peruanos todo y nada ha cambiado. Hemos retrocedido o nos hemos quedado detenidas en el tiempo. No lo entiendo aún. En mi país acaba de ser elegida presidenta -democráticamente- la hija del dictador Alberto Fujimori. Sí, la mismísima Keiko en persona, la primera mujer presidenta de Perú. Un chiste que se cuenta solo. No hemos aprendido nada. Que ganas de chismear contigo sobre todo esto y planear la revolución marica desde las bases.

Las mariconas hemos elegido y votamos orgullosas “porque ahora somos ciudadanas que votan” por las que nos van a mandar a saltar del barco sidario sin destino. Estamos eligiendo felices a la ultraderecha para que gobierne creyendo el slogan barato de la libertad para todas y que viva la diversidad. “Necesitamos orden”, vociferan las locas de derecha. ¿De qué libertad y diversidad me hablan si nos siguen matando en la oscuridad? En tu país, en el mío y en otros. Y sigue sin pasar nada. Estamos en un triste acontecer de propagación de mariconas desclasadas y apolíticas que creen que viven en Suiza. Prefieren enfrascarse en el eterno debate egocéntrico de si es mejor la que se llama maricona o la cuir o la queer o la loca o la traca o la cola o la mariquita.

Citando a la Sofía Devenir que menciona “(…) como si pudiera diferenciarse ‘travesti’ de la identidad ‘loka’, como si ‘travesti’ significara solo una cosa, como si solo ciertas cuerpas fueran tocadas con la gracias de la ‘verdadera travesti’ y otras no.” y que nos da el remate con “Siempre me ha parecido fascista borrar a tus maestras, a tus madres travestis, a quienes les debes el aprendizaje de tu desvío, que no lo aprendiste con tu familia heterosexual, sino que lo comprendiste fuera, con las lokas viejas, con los ‘viejos degenerados’ como les tacha mucha gente, que enseñaban el deseo incorrecto, el deseo castigado”.

Pero, ¿eso qué importa? No nos da felicidad, dicen. Ellas quieren -y deciden- seguir mirando a la RuPaul y viviendo la ficción de brillos en vez de ver cómo las locas más pobres seguimos muriendo precarias de hambre y de frío en las calles o en las cárceles. Por eso, loca, cuéntame: ¿Cómo hacemos ahora las locas más locas -tus viudas odiosas- para seguir resistiendo al avance fascista mata cabros que se expande como una pandemia? No sé si me responderás en sueños, señales o susurros pero me quedo dándole vueltas a lo que menciona la Che en el libro: “(…) una entrevista desde el más allá sería una auténtica novedad (…)” y la maricona odiosa -con ganas de joder con la fabulación crítica- se vuelve a preguntar “(…) ¿Qué loca metáfora enfrentaría ante tanta tragedia, desmemoria e injusticia?”.

Para cerrar esta memoria/homenaje/diálogo escribo este texto atravesando el 11 de septiembre, día de resistencia para todas las proletarias que merecemos dignidad y apostamos por la democracia. Ya son 53 años del golpe militar del dictador Pinochet contra el gobierno socialista de Salvador Allende. Ahora andamos de dictaduras en dictaduras, ahora empieza en Perú, pero seguiremos resistiendo con ternura radical, compañera, porque nosotras no tenemos amigas, tenemos amoras. Y nuestro amor es la revolución.

FOTO por Pedro Marinello de la performance «Las viudas odiosas de Lemebel» por Geraldine Mardones (sobrina buena de Lemebel) junto a Víctor Hugo Robles, ‘el Che de los gays’.

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