Cariño Malo de Alejandro Clavier, cuando los secretos asfixian 

Cariño Malo

Por Julián Mezarina
Sociólogo y magíster en Historia del Arte y Curaduría por la PUCP.

1.
Si existe algo que las personas homosexuales o gays hemos aprendido es a tener secretos, secretos pesados, que pueden significar en muchos casos la humillación, el desprecio,  la expulsión de una familia o la comunidad o incluso hasta la muerte. La diferencia entre uno y otro destino depende, en buena medida, de la suerte del lugar y del momento histórico en que nos haya tocado nacer: de los avances en el reconocimiento social de la época, de la flexibilidad de la familia, de la existencia de redes de apoyo, de la presencia de referentes culturales, entre otras. A veces es increíble cómo la presencia de alguna de estas situaciones provoca un poco más de alivio frente a no tener nada de esto y sentirse diferente al resto. Solo abrir un poco la ventana puede dar aire y ayudar a aliviar la asfixia que muchos podemos sentir al mantener en secreto aquello que somos y aquello que deseamos. 

2.
Cariño Malo nos transporta casi un siglo atrás, a la Lima de la década de 1930, y nos sitúa en un contexto en el que casi ninguna de esas posibilidades existía. No había redes de apoyo, ni referentes públicos, ni un lenguaje para nombrar el deseo. Para muchos hombres homosexuales, los caminos parecían reducirse a dos: casarse con una mujer a la que no amaban o permanecer solteros, dedicando la vida al cuidado de los padres durante su vejez.  Silvio, el protagonista, llega a los cuarenta años habiendo optado por la segunda alternativa. Su vida ha estado marcada por una madre controladora que, apenas advirtió la voz aguda de su hijo, decidió someterlo a un exorcismo para expulsar cualquier rastro de perversidad —o de feminidad— de su cuerpo. La voz condena a Silvio desde la infancia, pero la obra convierte ese mismo rasgo en algo más que un estigma. Poco a poco, la voz también se transforma en el vehículo que impulsa al personaje a imaginar otra vida posible. Constituye, además, uno de los recursos narrativos más sugerentes de la obra. A través de ella, la novela da vida a distintos personajes y reconstruye el clima social de la época, convirtiéndola en un hilo conductor que atraviesa toda la trama. Si para muchos de nosotros el cine fue uno de los primeros espacios desde donde pudimos descubrir la belleza masculina —como ocurrió en mi caso al ver a Chris O’Donnell en Batman Forever y Batman & Robin—, para Silvio fueron las voces masculinas de las radionovelas las que le permitieron acercarse a su deseo y habitarlo, aunque solo pudiera hacerlo en secreto.

3.
La voz en Cariño Malo va mucho más allá de los diálogos de las radionovelas. También nos introduce en un repertorio de canciones criollas que han quedado inscritas en la memoria sentimental de varias generaciones de limeños. Escuchamos El plebeyo, Cardo y ceniza, Nuestro secreto, Tu voz, Huye de mi y Cariño Malo, y volvemos a conectar con la pasión, el anhelo y el dolor que atraviesan sus letras. Martín Kohan (2018) sostiene que los boleros poseen una dimensión casi religiosa dentro de la cultura de masas, pues toman experiencias profundamente humanas —el amor, el deseo o el sufrimiento— y las elevan «a la condición sagrada de la religiosidad»*. Algo semejante ocurre con las canciones que recorren la obra. En ellas, el amor («El amor, siendo humano / tiene algo de divino») y el deseo («Han de ser breves mis siestas / mis esteros despiertan con tus ríos») adquieren un carácter casi devocional. No son únicamente la banda sonora de una época, sino el lenguaje a través del cual Silvio logra reconocer y experimentar aquello que no puede expresar abiertamente. Las canciones logran decir aquello que Silvio y probablemente muchos homosexuales de su tiempo no pudieron expresar abiertamente. Resulta doloroso reconocer que, para muchas personas no heterosexuales, esas canciones —u otras similares— siguen ofreciendo un lenguaje para reconocer experiencias amorosas que continúan viviéndose en silencio.

4.
La obra presenta todo lo anterior con diálogos que recrean el humor criollo, si las canciones de la música criolla sirven para encontrar al sujeto en su momento de máxima vulnerabilidad y acogerlo, el humor criollo cumple la función opuesta: ridiculiza y exagera las diferencias al mismo tiempo que recuerda constantemente los límites de aquello que puede ser un hombre. Como la música criolla, el humor criollo también acompaña la vida cotidiana de varias generaciones de peruanos. Sin embargo, mientras para muchos constituye un espacio de complicidad y liberación, para otros ha sido el recordatorio permanente de que el secreto debía permanecer intacto. Convertirse en objeto de la burla —ser llamado «maricón», «mariposón» o cualquier otro apelativo— no era únicamente recibir un insulto, sino quedar marcado por una etiqueta difícil de abandonar. Es este humor criollo el tono elegido para contar una tragedia, lo que exige un delicado equilibrio entre la ironía y el drama, un desafío que la obra consigue sostener en ciertos pasajes, especialmente al final. 

5.
El secreto se convierte en el motor principal de la tragedia, una fuerza que alcanza a todos los personajes de la familia, especialmente a la madre, quien en un inicio pidió exorcizar al hijo con la esperanza de expulsar al mal de su vida. Es paradójico que aquello que más se esforzó en erradicar —la supuesta perversidad, la feminidad o la homosexualidad del hijo— termine por volverse contra ella. La obra pone en evidencia que aquello que se reprime nunca desaparece del todo. El secreto termina por envolver a todos los personajes.  Resulta inevitable recordar la carta que Julieta escribe a su hija en la película homónima de Pedro Almodóvar («Quise que viviéramos lejos de la culpa. Y, a pesar de mi silencio, te la contagié como un virus»). En Cariño Malo ocurre algo similar. Los secretos familiares no permanecen encerrados, circulan, moldean los vínculos y terminan por heredarse. Es por eso que resulta necesario pensar, como sociedad, los efectos que tienen este tipo de secretos en la vida de las personas, de sus familias y de la sociedad peruana en general, y si estamos dispuestos a seguir transmitiéndolos de generación en generación durante los próximos cien años, con la asfixia que ello implica.

* Kohan, M. (2018). Ojos brujos: Fábulas de amor en la cultura de masas. Ediciones Godot. 

Se presentó en el CCPUCP en noviembre 2025
Se presenta actualmente en La Plaza hasta el 29 de julio

Alejandro Clavier
Director, dramaturgo y actor
Artista interdisciplinario venezolano-peruano radicado en Lima que presenta producciones en formatos teatrales, audiovisuales y curatoriales. Desde 2013, dirige Sala de parto: un programa de creación y festival de Teatro La Plaza. En 2024 fue becario de Chevening y cursó una maestría de Gestión Cultural y Políticas Públicas en Birkbeck Universidad de Londres.
Su trabajo como artista ha sido invitado a Festivales en Perú, Argentina, Chile, Brasil, Portugal, Panamá e Irlanda del Norte. Entre sus obras de teatro se encuentran “Las crías tienen hambre», “San Bartolo», “Electra», “Aquellos dos» y “Sus canciones favoritas». Fue co-fundador y director de Cultura de la ONG Presente, la cual trabaja por los derechos de la comunidad LGTBIQ+ en el Perú. En 2025 fundó el Ministerio de La Belleza, una compañía productora de Artes Escénicas.

Sebastian Stimman
Actor

Estudió actuación en Perú con Aristóteles Picho y Bruno Odar; en México, en CasAzul y El Círculo Teatral; en Alemania, en Cinemabstruso; y en Nueva York, en Circle in the Square Theater School. También llevó cursos en MADS (Madrid Audiovisual Drama School).
En teatro ha participado en producciones en EE.UU. como “Romeo y Julieta” (con la Sinfónica de Baltimore y el Teatro Folger), “Children of Hercules” (Off-Broadway), “Macbeth”, “A Midsummer Night’s Dream”, “Julian y Romero” (NY Fringe). Y en Perú ha actuado en “Dr. Jekyll & Mr. Hyde” adaptación de Francisco Cabrera, “¡Ay! ¿Qué será de mí?” de Diego Lombardi, “Invisible” de Diego Salinas, “Metamorfosis” de Kafka, entre otros.
En cine ha participado en “Atrapado en mi mente”, “La condesa”, “Yuraq”, “1.7 Alpha”, “Come Back to Us” y “Saturn’s Window».
En televisión ha participado en “Tu nombre y el mío”, “Los milagros de la Rosa”, “Súper Ada”, “Princesas”, “Los otros libertadores”, “Condominio S.A.”, “Animateens”, y “Placeres y tentaciones”.

Diego Salinas
Actor

Actor egresado del XXVII Taller de Formación Actoral de Roberto Ángeles. Bachiller en Comunicaciones por la Universidad de Lima.
En teatro ha actuado en obras como “Ha llegado un inspector” de J. B. Priestley, “La promesa” de Alexei Arbuzov, “Roberto Zucco” de Bernard-Marie Koltès, “San Bartolo” de Alejandro Clavier y Claudia Tangoa, “Tito Andrónico” dirigida por. Mikhael Page, “La ratonera” dirigida por. Rodrigo Falla, “El efecto Proust” dirigida por Daniel Cano, entre otras.
Como dramaturgo y director ha estrenado obras propias como “Invisible” y “Feliz cumpleaños, doña Zoila”.
En televisión ha actuado en “La rosa de Guadalupe”, “Luz de luna 2”, “Luz de luna 3”, “Solamente milagros” y “Los otros libertadores”, entre otras.

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