En el prólogo del libro de Alberto de Belaunde, «Más allá del arcoíris» (2017), Oscar Ugarteche cuenta que en 1984 el grupo fundador del MHOL escribía artículos usando el nombre «Carlos Arteaga». Dice:
«Carlos Iván Degregori se incorporó al grupo en el segundo semestre de 1984, y con Beto y Manuel Luján nos reunimos para escribir textos de posición como MHOL ante los crímenes de odio. Firmábamos como Carlos Arteaga, pero entre todos hicimos una serie de artículos entre agosto de 1984 y finales de 1985 que salieron publicados en el diario La República.» (página 50)
En una entrevista que Alberto de Belaunde le hace en junio del 2020 (https://www.facebook.com/albertode…/videos/747984856028502), Ugarteche cuenta (minuto 18:20) que él escribió en la revista «El Búho» o en «30 días» (no recuerda cual), en junio de 1984.
Revisamos los índices de las revistas El Búho (1, 3-10) y 30 días (1-8) y encontramos este artículo escrito por «Carlos Arteaga» en la revista 30 días número 7 (junio de 1984).
Aquí algunas citas.
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Es un criterio bastante difundido que ser gay es ser “una peluquera”. Prejuicio absolutamente pequeño burgués. Pero lo gay no es un submundo u otro mundo. Es otro universo.
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Mundo gay en Lima lo hubo casi siempre. Es verdad que post 1968, año de la rebelión de París y del golpe militar en el Perú, se dio un tenor de apertura a este universo. A mitad de la década pasada existía ya un bar en Miraflores para un público únicamente gay. Hasta entonces, al igual que ahora, habían los bares que tenían una porción del público gay.
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En Lima hubo una suerte de Stonewall. Fue en 1959 en una famosa batida en la Boite La Laguna, que quedaba en Barranco. Fue para una fiesta de carnavales donde iban los hermanos disfrazados de todos los disparates que solemos disfrazarnos. La diferencia fue que no había espacio para dar una lucha por la libertad de opción. Era, pues, 1959.
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En los últimos diez años el contingente gay en Lima ha crecido inmensamente. Existen numerosos bares y discotecas gay para toda clase social y que ofrecen opciones diferentes. Incluso hay un sauna y, por qué no decirlo, un bar para tomar tragos tranquilamente entre gente mayor. El “todo Lima”, sin embargo, no sale a bares o discotecas sino que se reúne en casa de amigos en la tranquilidad de la intimidad. Para nombrar algunos de los más simpáticos para un público de clase media para arriba, están El Perseo, discoteque en San Borja; El Inti, bar en Miraflores, y el Bar de Danny en Miraflores. Otros sitios menos ordenados son el Galaxia 2000 en el centro de Lima, y el Tito’s también en el Centro.
El Galaxia es una especie de mundo de nunca jamás, donde muchachos pobres y lumpen van a divertirse. Los chicos con plata de la Plaza San Martín toman cerveza acá entremezclados con travestis y los infaltables soldados, Pips y policías. Los marineros se quedan en el Callao. Es un lugar en el cual Jean Genet hubiera podido ubicar parte de su Nuestra Señora de las Flores. Violencia encubierta, machismo al revés; bigotudos feroces de voz aflautada; chicos prostituidos por las drogas o la pobreza, o ambos; viejos gordos con sus negros asalariados para sus labores de amor; y las mujeres en realidad hombres, pero tan lejos que no queda sino el recuerdo y el sexo.
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La vida sentimental del hombre gay es quizás un poco más agitada que la de sus contrapartes heterosexuales. Hay una combinación de elementos que entran en este asunto. La presión social, la falta de responsabilidades conjuntas, la falta de un proyecto en común. Es quizás como eran las relaciones de las feministas antes que ellas se dieran cuenta que sí es importante tener un lazo. A pesar de esto, hay innumerables parejas gay que están juntas en Lima hace muchos años.
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Hace unos años hubo el intento del Movimiento Homosexual de Lima que perdió vitalidad por falta de apoyo de la comunidad gay.
Quizás fuera miedo a que otros supieran que eran gay o a que se hiciera absolutamente público y las familias se enteraran. Pero de los miedos de los hermanos no podemos sino hacer una reflexión más adelante. Existe también un grupo cristiano llamado APLHO que aparece y distribuye volantes en lugares públicos. Encomiable. Ese tipo de iniciativas son fundamentales para crear conciencia y medio de discusión. También está AREZO.
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Algunos homófobos como el señor Bardelli, que escribiera hace unos meses una serie de artículos en El Observador intitulados Homosexualidad y Política, debieran estar percatados que ser gay no tiene nada que ver ni con desprecios ni con odios.
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En Cuentos Inmorales hubo un corto sobre el descubrimiento de un hombre de que su amigo de siempre y pata de borracheras era homosexual. A veces se loquean y tienen que agarrarle la mano y decir: “Pero si todo es igual”. No, no es igual, y eso lo hemos vivido todos. Los que se loquean son los menos, felizmente.
Luego hay la carrera. Hay profesiones donde requisito esencial para la opción a cargos directivos altos es estar casado con una mujer. Pero todo lo señalado arriba es menos marcado que hace diez años.



