FCL 2026 | “El jotito también puede ser sexy”: Jaripeo y los estereotipos en la masculinidad ranchera

Por Gustavo Ochoa Morán
Licenciado en Arte y maestrando en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

La oferta de películas en la competencia de Documental Latinoamericano del 30° Festival de Cine de Lima ha aportado un interesante abordaje de realidades que se viven en el continente, que van desde la historia sociopolítica a las memorias colectivas y las diversidades. Este último es el caso de Jaripeo, una coproducción entre México, Francia y Estados Unidos, dirigida por Efraín Mojica y Rebecca Zweig, un filme que explora la masculinidad tradicional en una localidad del interior de México.

En la ciudad de Penjamillo, en el Estado de Michoacán, se celebra el Jaripeo durante las festividades navideñas. Este concurso de rodeos sobre toros y caballos es una oportunidad para que los varones del pueblo demuestren las destrezas desarrolladas en las labores del campo, pero también para exhibir cuán arraigados están al patrón social de cómo “ser un hombre”. 

Desde el inicio, reconocemos un contexto urbano rural hipermasculinizado, donde las duras jornadas de trabajo agrícola y ganadero a la vez que los difíciles ejercicios del rodeo exponen a los varones a una socialización rígida en la que deben performar una virilidad hegemónica. En esa cotidianidad de trabajo extenuante, fiestas y homosocialidad, los deseos sexuales no pueden disimularse y el documental los explora a través de secuencias de montaje vivaces en algunos espacios de breve libertad. Desde los maizales abandonados, donde se practica un sexo clandestino, hasta los bares visitados por rancheros con sus mejores trajes, la película enfatiza esa forma hermética de estar o dentro del closet o casi fuera de él.

Así, a través de sus recorridos e indagaciones con sus tres protagonistas, Efraín, Noé y Joseph, el metraje pone en evidencia cómo los estándares de masculinidad se mantienen vigentes en esta localidad y llegan a ser aspirados también por hombres abiertamente homosexuales, aunque también cómo estos son cuestionados. La dicotomía del gay varonil discreto opuesta al afeminado está presente y entra en tensión en un contexto donde lo masculino resulta predominante. Cuando Efraín, protagonista y director, afirma que “el jotito también puede ser sexy”, su voz disidente revela que el molde impuesto puede ser fisurado.

Jaripeo es un testimonio necesario sobre los estándares masculinos tan arraigados en varones de entornos rurales conservadores, pero que también influyen, por ejemplo, en varones urbanos que frecuentan apps de citas. En mi opinión, es un documental de narración sutil y con una propuesta audiovisual creativa. Quizás habría agradecido mayor información sobre los testimoniantes que me permitan conectar más con sus contextos personales al principio a la vez que habría deseado escuchar más voces dentro del microcosmos central. En ese mismo sentido, la película podría haber profundizado más, por ejemplo, en el peso que han tenido y tienen las ideologías religiosas en el asentamiento de la homofobia y el machismo en nuestros territorios. No obstante, se reconoce el esfuerzo por lograr una filmación que destaque el valor expresivo de los espacios cotidianos de sus protagonistas, del paisaje natural de Michoacán y el uso acertado de la música como elemento atmosférico. 

Jaripeo tendrá dos funciones durante el Festival: el sábado 8 de agosto a las 07:00 p.m. en la Sala Azul del CCPUCP (San Isidro), que incluirá un conversatorio con sus directorxs posterior a la proyección, y el martes 11 de agosto a las 09:20 p.m. en la Sala 5 del Cineplanet Alcázar (Miraflores). Pueden adquirir sus entradas en Joinnus.

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