Por Gustavo Ochoa Morán
Licenciado en Arte y Maestrando en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Desde el 2025, hemos notado la presencia de cierta temática en los estrenos cinematográficos en festivales, lo que no ha sido la excepción este año. Me refiero al VIH, el influjo de los primeros años de la epidemia en la vida de las personas y cómo se sobrelleva en la década actual. En la trigésima edición del Festival Internacional de Cine de Lima, del lado de la ficción, hemos visto la película Seis meses en el edificio rosa con azul, del director mexicano Bruno Santamaría, y The man I love, del realizador estadounidense Ira Sachs. Ahora bien, desde la mirada documental, pudimos ver Manuales de supervivencia, de la peruana Luisa García Alva, una muestra de cómo un docufilme autobiográfico puede ser altavoz para las personas que viven directamente esta condición de salud.

Manuales de supervivencia inicia con la convalecencia de Luisa en una sala de urgencias dentro de un hospital limeño acompañada por su mamá. Para refugiarse de la complicada realidad que le ha tocado vivir de pronto, Luisa empieza a grabarse con una cámara digital. Desde que la lente se vuelve compañera en su travesía, sus registros ponen imagen y sonido a una introspección sobre lo que le ha tocado vivir como mujer hasta que recibe el diagnóstico de infección por VIH y a la vez que le sirve de vía para afrontarlo en adelante. Tras su recuperación, viaja a Buenos Aires con la familia de su hermano, donde el cuidado de su sobrina fue su salvavidas y el motor para seguir haciendo cine en su retorno a Lima.
En este primer largometraje, la directora peruana Luisa García indaga sobre el duelo debido a un diagnóstico todavía marcado socialmente y reflexiona sobre cómo el arte puede convertirse en un barco de salvataje. A nivel formal, la directora acude a una filmación cámara en mano (el recorrido visual hecho por ella misma es predominante), a la vez que opta por recursos propios del documental, como insertos de grabaciones en video, fotografías, búsquedas en internet, etc. En lo relacionado a la música, la presencia con fines atmosféricos es mínima, salvo en momentos excepcionales o cuando esta se encuentra registrada dentro del plano. Teniendo en cuenta la impronta autobiográfica, es posible que la gente más cinéfila asocie su acabado con el de documentalistas como la japonesa Naomi Kawase o la brasileña Petra Costa, quienes hicieron del cine autorreferencial, intimista y de factura artesanal una seña de estilo.


La exploración por las problemáticas que atraviesan el hecho de vivir con VIH resultan llamativas en su variedad. Como todo duelo, implica desafíos en la asimilación pero también representa efectos en la socialización, en la sexualidad y en el bienestar emocional. La directora es consciente del poder de las imágenes y lo enfatiza en secuencias con planos veloces del cansado recojo mensual de medicamentos o de la ingesta diaria de antirretrovíricos.
Un valor destacable es la indagación sobre la propia historia. En ese recorrido íntimo, Luisa abre un álbum personal de imágenes para comprender cómo se construye una identidad femenina en nuestro contexto y qué influencia tienen los roles de género en las relaciones afectivas y, por tanto, en la exposición al virus. Asimismo, las conversaciones con los parientes mayores o sus discursos en la ceremonia de los quince años resultan reveladoras porque muestran el peso nocivo que tiene el mandato social en la socialización del género. La directora deja preguntas pero nunca una respuesta y ahí se percibe una oportunidad que se pudo desarrollar más. Aun así, Manuales de supervivencia resulta relevante por reclamar espacio para el punto de vista de una mujer cisgénero que vive con VIH en una memoria audiovisual donde ellas han tenido una presencia limitada.
Otro aspecto resaltante a nivel temático es la manera de abordar la conflictividad que genera la revelación del estatus serológico con la familia, más aún cuando esta va a implicar un proceso de vihsibilidad futura. En un entorno como el nuestro, aún marcado por el estigma, este diagnóstico se sigue viviendo como otra forma de closet, y como todo armario, es incómodo para quien permanece en él y repercute en la salud mental. Por ello, es probable que la directora filme ese sentimiento de angustia ante la conversación familiar postergada con una cámara tambaleante que exprese dubitación. Y dentro de este clima, los diálogos con el hermano psiquiatra son los más constructivos del filme, porque trata de darle soporte, mediante frases tan mordaces como sinceras, a efectos de que no caiga en pensamientos intrusivos.


Como en todo documental, a veces la realidad no se domestica y rechaza ser controlada, por lo que hay momentos tan sorpresivos como dispares cuando Luisa decide filmar su coming out con personas importantes en su vida. Es así que se asombra ante las reacciones de sus hermanos, quienes responden con naturalidad y apoyo fraterno a la revelación de su diagnóstico. No obstante, la escena con el ex novio resultó insólita al punto de desatar reacciones en la sala, pues, lejos de empatizar con ella, lleva la conversación hacia sí mismo y habla de su asma poniéndolo casi al mismo nivel con lo que ella vive.
En particular, llama mi atención la profunda factura realista en este documental, que opta por recursos mesurados en pos de indagar una verdad individual. En ese sentido, me interesa el trabajo previo de Luisa García con el Grupo Chaski, una asociación que hasta años recientes ha seguido realizando películas sobre las realidades complejas del Perú desde una mirada objetiva y que involucra a sus actores sociales en la creación de sus propias representaciones. Estas similitudes me hacen pensar si el trabajo de dicho colectivo habrá ejercido alguna influencia en el esquema realista de su documental.
Manuales de supervivencia es una película sobre el duelo personal ante una condición de salud que aún tiene repercusiones en la vida y en la socialización. Su apuesta está en revelar la vida alrededor de un hecho que compromete no solo a la salud, sino también a los vínculos y a la intimidad. Aunque no es un documental tradicional con fines netamente divulgativos, es una película que refleja las transiciones y estados complejos en las poblaciones clave afectadas por el VIH, como si fuera un closet, algo que, espero, pueda cambiar en un futuro.
Manuales de supervivencia tendrá una proyección fuera del Festival en la muestra “Lo que te perdiste del Festival” el día domingo 23 a las 06:10 p.m. en la Sala Azul de CCPUCP (San Isidro). Entradas en boletería y en la web del Centro Cultural.


