Por Julio Lossio
Benjamín es hermano de Rebeca Sevilla, una de las fundadoras, en 1984, de la histórica organización GALF, Grupo de Autoconciencia de Lesbianas Feministas, y directora del MHOL a fines de los 80.
Me interesaba conversar con él a propósito de la nueva puesta en escena de su obra La rebelión de los villanos, a cargo de la Asociación Tallo, este domingo 11.
La rebelión de los villanos fue estrenada por Magia, Teatro de Grupo, en los 90, posiblemente en 1996 o 1997 (según recuerda Manolo Forno en una entrevista que le hicimos en marzo de 2024). Forno hacía el papel de Cenicienta, José Carlos Urteaga, Director de Magia, hacía de la Reina de Corazones, Liliana Canta era Malda (“Me dicen Maldita de cariño” leo que dice en la obra).
¿Por qué el papel de algunos personajes femeninos fue hecho por hombres?, le pregunto, y responde que ese cambio de roles es parte de una vieja tradición en el teatro, que «la propuesta inicial de la obra no incluyó un discurso sobre la identidad sexual, pues ya era complicado para nosotros sustentar el discurso principal, el de las motivaciones que explican la rebelión de los villanos. Que hombres hagan de mujeres o mujeres de hombres no define la orientación del discurso central de una obra teatral. Eso lo define lo que sucede en la escena y lo que resulta del proceso dramático. Como hacen el grupo Tallo y Eduardo Torrejón, es posible interpretar y exponer de modo paralelo en la obra otro discurso, encarnado en actores y personajes, que haga emerger e imbrique con el discurso principal un fraseo recurrente, textual y simbólico, sobre la identidad sexual. Eso es lo que hace Tallo y a mí me parece que esa es la mirada del director y su grupo, algo a lo que tiene derecho y que yo nunca cuestionaría. Ellos son libres de interpretar la obra, yo lo que veo es que la maquinaria que inicialmente diseñamos funciona, funciona todo el tiempo, con los adjetivos y atributos que sean añadidos”.
Luego hablamos sobre la tradición de hombres haciendo papeles femeninos, lo que por lo general sucedía por estar la actividad teatral prohibida a las mujeres. Fue el caso del teatro Isabelino inglés entre los siglos XVI y XVII, y en el cine japonés hasta mediados del siglo pasado. También surgió en mi recuerdo la puesta de La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, que vi en el Teatro La Plaza, con Christian Ysla y Mario Velásquez haciendo papeles femeninos.
Ahora, en mi casa, mientras escribo esto, recuerdo que también en la Tunantada hay personajes femeninos interpretados por hombres y que Edgard Guillén interpretó múltiples papeles femeninos (en Orquesta de señoritas, La locura de la señora Bright, Las criadas, El pequeño adulto, Sarah Bernhardt y las memorias de mi vida, Isadora Duncan, Emily, La misa de Hécuba).
Eduardo Torrejón, Director de Tallo, me escribió hace unos días contándome que la actuación de Manolo Forno como Cenicienta le pareció genial. Benjamin me dice que le parece la mejor actuación que le vio a Manolo.
Antes de La rebelión de los villanos Benjamín había escrito, para Magia, Teatro de Grupo, Perútero Cabaret. Según nos cuenta, había recibido una obra ya empezada y él termina de escribirla. Un archivo de la Universidad de Minnesota nos informa que la obra fue puesta en 1992 con las actuaciones de Paula Aparcana, Manolo Forno, María Elena Hidalgo, Camucha Flores y Liliana Canta. Escenografía: Chío Flores. Música: Miguel Flores. Asesoría coreográfica: Patricia Awapara. Diseño de Luces: Samuel Escobar. Dinámica de grupo: Manuel Luján.
Perútero Cabaret es un “Espectáculo de creación colectiva que parte de la mujer para elaborar una aguda crítica de la condición del ser humano en nuestro país. Para ello se toma el estilo cabaretesco donde son las mismas cabareteras las que escenifican diversas historias al ritmo de salsa, boleros y poesía de mujer” dice en el blog de Magia.
Avanzando hacia atrás, valga el oxímoron, antes de Magia, a comienzos de los setenta, Benjamín había sido parte de Teatro Común, un grupo donde también participaba Luis Felipe “Pipo” Ormeño, en esos momentos profesor en la Escuela Nacional de Arte Dramático, quien hasta hacía poco había dirigido el TUNA, Teatro de la Universidad Nacional Agraria de La Molina,
Teatro Común ensayaba en la casa de Luis Felipe Ormeño. Con el tiempo tomaron contacto con una organización sindical de mineros y así pudieron viajar hacia algunas minas cercanas a Lima o ubicadas en la carretera central para presentar obras de teatro ante los trabajadores mineros. Una de las obras que presentaban, recuerda Benjamín, era La hora del obrero -fragmento de Terror y miseria del Tercer Reich de Bertolt Brecht- “una sátira sobre cómo el poder utiliza los medios de comunicación para fabricar una imagen de trabajadores felices, aunque sus condiciones laborales sean miserables” leo en internet.
Además de en las zonas mineras también presentaban estas escenas en las calles de la zona industrial de Lima. En las puertas de las fábricas. La obra de Brecht se presta, me explica Benjamín, porque está formada por escenas independientes que duraban unos 6 u 8 minutos. «No éramos los únicos, decenas de jóvenes hacían arte en las calles, las plazas y algunos nos íbamos a los pueblos y a las minas. Expresábamos a una época muy radical.»
Otra obra que presentaban era Dos hombres en la mina, escrita por el húngaro Ferenc Herczeg y adaptada por el colombiano Enrique Buenaventura. “Era la polémica entre un obrero y un ingeniero encerrados tras un accidente en la mina. Yo era el ingeniero y Pipo era el obrero” dice Benjamín. “La mina se convierte en un espacio donde la autoridad del ingeniero ya no puede imponerse del mismo modo. Su posición social no lo protege del peligro. […] el problema no es únicamente que el jefe sea una mala persona, sino que existe una relación social de dominación.” leo en internet.
Antes de encontrarme con Benjamín había buscado algo de información en internet y encontré que había una entrevista suya a los fundadores del MHOL en la revista Hermano Lobo de julio del 83. En la Biblioteca Nacional están los números de marzo, abril, mayo y junio, pero no está el de julio. Hermano Lobo es una revista de izquierda donde Benjamín figuraba como Editor de la sección Magazine, en donde se incluían temas diversos vinculados a la cultura y a la actualidad social. Era un grupo de amigos que compartía una mirada crítica y radical hacia los problemas sociales. «No era un trabajo, poníamos mucho entusiasmo. Cuando uno empieza a hacer periodismo lo que más quiere es publicar. Esa fue mi primera experiencia periodística.»

Me cuenta Benjamín que su padre es de la sierra de La Libertad y su madre de Huánuco. Él y sus 4 hermanos nacieron en Lima. No terminó Sociología, también estudió cine en la Universidad de Lima.
Hablamos de muchas cosas más, de los guiones que hizo para el cine, para la televisión. Que fue fundador de Canal N. Hablamos de Cuatrotablas, del MHOL…
Me comenta que irá este domingo a ver la puesta de La rebelión de los villanos hecha por el grupo Tallo. Me dice que no existe una sola versión de la obra, él ya no tiene la versión original. Que al parecer la han ido modificando, quiere recomponerla y publicarla para que haya una sola versión.
Cuando ya nos vamos despidiendo recuerda que escribió una semblanza de José Carlos Urteaga y otra de Luis Felipe Ormeño donde menciona toda su producción. Le digo que las podríamos publicar en la revista. Las va a buscar.

