FCL 2026 | En el camino: cuerpos y deseos en tránsito

Por Gustavo Ochoa Morán
Licenciado en Arte y Maestrando en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

México ha sido uno de los países que ha aportado una selección amplia de películas en las competencias del Festival de Cine de Lima y en varias de ellas no ha estado ausente la representación queer, sea esta parcial o más amplia. Una de ellas es En el camino, una road movie del director David Pablos que narra una historia de supervivencia, trabajo sexual masculino y adicciones en un contexto de violencia social.

En el camino narra la historia de Veneno, un joven homosexual que se acuesta con camioneros en un hospedaje de carretera a cambio de que les deje ir con ellos. Con un afán apremiante por huir, Veneno conoce a Muñeco, un camionero al que convence de acompañarlo a cambio de cocaína. Sobre la marcha, el camionero irá descubriendo que el joven esconde algo y el vínculo empezará a hacerse tan cercano como arriesgado. Veneno es joven, impulsivo y su desesperación por atajar a sus perseguidores lo llevará a cometer actos cada vez peores.

Este último largometraje de David Pablos aborda la homosexualidad masculina más allá del manido tópico del drama romántico juvenil y la enmarca en una historia de pobreza, abandono paterno en tanto que muestra también la urgencia por sobrevivir en el contexto de violencia actual por la guerra contra el narcotráfico en el interior de México. Es así que la cuota sanguinaria de los carteles va brotando paulatinamente durante el metraje y los espectadores vamos descubriendo cómo involucra a Veneno y lo pone en un peligro constante.

Es así que reconocemos también cómo los jóvenes más precarizados y abandonados por la sociedad están expuestos a ser captados por los carteles de drogas y sus líderes, para mover la cadena productiva de la mercancía, de la violencia o para el goce sexual de sus líderes. En ese sentido, la propuesta audiovisual de la película acierta al representar la evidente hiper masculinidad de todos los espacios: la cotidianidad de los camioneros, los talleres mecánicos, pero también el mercado del sexo o los espacios de ocio. En particular, una secuencia de montaje revela una tesis interesante para la cual la pulsión sexual entre hombres y la fuerza de la violencia están conectadas, y lo escenifica de unos planos a otros. Pensemos, para ello, en la escena en que un joven semidesnudo fela una pistola u otra en la que un grupo de cuerpos desnudos masculinos en evidente orgía emula cuerpos asesinados.

Incluso, la tesis se hace más interesante en tanto amplificamos la mirada sobre todo este universo masculino, en el cual la cultura patriarcal construye eslabones perfectamente encajados para desensibilizar a los hombres: primero a través de la normalización del abandono paterno, luego a través del mandato social y los roles de género, seguido por el trabajo extenuante y deshumanizante en la carretera, que trae como consecuencia las adicciones a las drogas sintéticas y que finaliza con la violencia en todos sus niveles. En medio de un escenario tan incierto para todos sus personajes, la película tiene un mensaje poderoso pero que decae en el desarrollo de su trama. 

A este punto, el título de la película destaca por su polisemia: ¿es este “camino” tan solo el escenario de carretera donde transcurre toda la historia o alude también a un tránsito entre la vida y la muerte, entre la vigilia y el sueño, entre lo masculino y otra identidad fuera de la cisnormatividad, etc.? En este sofoco incierto, marcado por un trabajo estresante y la amenaza de la violencia, donde «la vida es una mierda», como dice uno de los personajes, ese transitar, y todo lo que pueda significar, es casi una costumbre obligada.

En lo particular, considero que la trama amorosa de Muñeco por Veneno no llega a sostenerse ni el pacto de amor unidireccional en el que de pronto deriva. Finalmente, en este hilo de la historia, el ciclo de violencia llega a ascender tanto en el último tramo hasta lastimar a Muñeco en lo más simbólico que ha caracterizado a este universo. Y tras ello, el ruido va apagándose hasta quedar un silencio introspectivo y aparentemente alentador para ambos personajes. 

En el camino es una historia trepidante sobre los abismos humanos contemporáneos marcados por la pobreza, la violencia y la soledad. Asimismo, está filmada con destreza técnica y ofrece, en su concepto audiovisual, una reflexión interesante para desentrañar como espectadores. Sin embargo, a opinión personal, el argumento contiene algunos tramos irregulares y al metraje le sobran algunas escenas por innecesarias o porque insisten en estetizar la carencia. 

En el camino tendrá tres funciones durante el Festival: el domingo 9 de agosto a las 05:00 p.m. en la Sala 5 del Cineplanet Alcázar (Miraflores), el martes 11 de agosto a las 07:10 p.m. en la Sala 12 del Cineplanet San Miguel y el jueves 13 de agosto a las 09:30 p.m. en la Sala Roja del CCPUCP (San Isidro). Pueden adquirir sus entradas en Joinnus.

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