FCL 2026 | The man I love: llora y luego emborráchate

Por Gustavo Ochoa Morán
Licenciado en Arte y Maestrando en Escritura Creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En el Festival de Cannes del 2025 se estrenaron al mismo tiempo tres películas que tocaban, directa o alegóricamente, un mismo tema: la epidemia del VIH/sida. Se trata de las películas Romería, de la directora española Carla Simón, Alpha, de la cineasta francesa Julia Ducournau, y La misteriosa mirada del flamenco, del chileno Diego Céspedes. Este 2026, ha sucedido lo propio con Seis meses en el edificio rosa con azul, filme del mexicano Bruno Santamaría, y The man I love, película del estadounidense Ira Sachs sobre la que me gustaría detenerme.

The man I love es un largometraje que narra una historia de juventud, arte y sexualidad en la Nueva York de fines de los ochenta, años aún complicados de la epidemia. Su protagonista, Jimmy George, es un artista escénico que sobrelleva su diagnóstico con los ojos puestos en la promesa que le tiene el arte en el futuro más próximo y la vive intensamente. 

La premisa argumental resulta sencilla ya que el desarrollo de la historia restante reposa en las emociones, en los climas y en demás detalles que la pantalla nos ofrece durante su metraje. La historia de Jimmy es la historia de alguien que ha aceptado su condición de salud y cuyo objetivo, a diferencia del resto de personas que lo cuidan o acompañan, no es exclusivamente la supervivencia. Jimmy vive entregado a la preparación de su nuevo rol protagónico en una obra de teatro, un personaje que implica travestismo y que ensaya obsesivamente, incluso, nutriéndose de estrellas musicales de otras épocas. Por ello, cuando un problema neurálgico empieza a afectar su desempeño, lamenta hasta el llanto ser obligado a salir del escenario. Jimmy representa al joven entregado al placer, su música y su autoexploración artística. Jimmy vive para el arte. 

En esta trama individual que rige al filme, el actor Rami Malek interpreta a un personaje que, cual artista salido de algún relato decadentista del siglo XIX, no puede vivir en otra realidad que no sea una realidad inventada y estetizada. En su departamento, reúne amigos que detienen por un momento el tiempo (y el recuerdo de su propio deterioro) para encarnar el poder del arte a través del canto. Ira Sachs filma estos momentos con planos sencillos y movimientos mínimos, basando su efectividad en la potencia actoral. 

En cuanto al tratamiento del VIH/sida, este ofrece, por un lado, un registro de un año en el que ya existía una primera respuesta biomédica llamada AZT. Sin embargo esta aún no resultaba totalmente eficiente, pues era un medicamento con efectos secundarios y al que muchos pacientes desarrollaban resistencia. Por ello, la enfermedad aún cobraba vidas y, en tal sentido, el filme lo demuestra en la preocupación latente de los personajes alrededor de Jimmy. 

Por otro lado y aunque representa una época difícil para el afrontamiento del virus, la película no muestra una cotidianidad atemorizada ni resignada en sus poblaciones clave. Por el contrario, mucha gente sigue socializando en lugares de ocio, sigue resistiendo en espacios creativos y sigue viviendo su vida en tanto aun se puede ser feliz. Ira Sachs cuenta que construyó estas escenas basándose en los recuerdos de sus primeros años en Nueva York a fines de los ochenta cuando llegó para hacer sus estudios de cine. En ese sentido, la resistencia comunitaria tiene, según su director, una cierta fidelidad a como él la vivió.

Ahora bien, al cuidado de Jimmy está Dennis, un hombre que ha desarrollado por él un fuerte vínculo afectivo sin perder, por ello, la conciencia de sus cualidades y hábitos más descuidados. Sin embargo y a pesar de dejarlo ser libre, busca prevenir a su vecino Vincent, un joven obsesionado con Jimmy, de que se cuide al estar con él. Por su parte, este joven impulsivo no muestra temor por ningún riesgo sino un afán irrefrenable por ser depositario del amor del artista. Pero, lamentablemente, Jimmy ha optado por un hedonismo radical antes que por un amor convencional y, al igual que su personaje teatral, aprende a manejar sus sentimientos para tenerlos bajo control. “Llora y luego emborráchate”, dice su parlamento y él parece aplicarlo a su propia vida. 

A nivel formal las actuaciones son naturalistas y estas se filman mediante planos largos, siguiendo a sus personajes mediante movimientos sutiles y sin apelar tanto al plano contra plano. Además, los escenarios exhiben múltiples colores pero combinados con mesura y sin llegar a excederse en su vivacidad. La música representa otro acierto del film, pues revive temas de íconos femeninos como Rita Pavone, Melanie e, incluso, música clásica para los momentos más álgidos a nivel emocional. Es innegable el valor de “The man I love”, un tema popular del cancionero estadounidense que titula la película y que Jimmy interpreta en una de sus primeras secuencias, pero que nos deja la interrogante sobre cuán cerca está él de ese hombre al que alude mientras canta. 

The man I love es una película que sacrifica una narración puramente clásica, tan acostumbrada en el cine estadounidense, para construir un relato impresionista sobre la potencia del arte en momentos vitales críticos. A nivel temático, destaca por tratar el tema de la epidemia del VIH/sida sin caer en los habituales tópicos moralizantes o dolientes.

The man I love tendrá una última función durante el Festival de Cine de Lima el sábado 15 de agosto a las 07:00 p.m. en la Sala 6 del Cineplanet Alcázar (Miraflores).

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